Turismo en la sombra del conflicto: cómo la crisis en Oriente Medio frena la industria de viajes más dinámica del planeta

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Washington, D.C., EE.UU. – Ante lo prolongado del conflicto bélico en Medio Oriente, un estudio dado a conocer este fin de semana por el Banco Mundial advierte que la economía global crecerá apenas un 2,5% en 2026, la tasa más baja desde la pandemia y en ese panorama se desdibuja el impacto de la crisis en la industria del turismo, pues, detrás de esa cifra hay aeropuertos con rutas redibujadas, hoteles del Golfo con reservas canceladas y millones de viajeros que cambian de destino por miedo y por precio.

La economía mundial entró en 2026 con viento a favor: el comercio se recuperaba, la inversión vinculada a la inteligencia artificial crecía con fuerza y el turismo internacional venía de cerrar 2025 con cifras históricas, cerca de 1,500 millones de llegadas y un gasto de los visitantes que bordeó los 1,9 billones de dólares en todo el mundo. Pero ese impulso se quebró en marzo. El estallido del conflicto en Oriente Medio cuando Israel y Estados Unidos bombardearon Irán y se produce el cierre casi total del tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz y ataques que afectaron infraestructura energética del Golfo— cambió de golpe el guion.

El nuevo informe Global Economic Prospects (Perspectivas Económicas Mundiales) del Banco Mundial, publicado la semana recién pasada, sitúa el crecimiento global en 2,5% para 2026, frente al 2,9% de 2025, la cifra más baja desde el inicio de la pandemia de COVID-19. El organismo es claro sobre el origen del frenazo: el conflicto disparó los precios de la energía, reactivó la inflación y encareció el financiamiento a escala global, golpeando a dos de cada tres economías del mundo con revisiones a la baja respecto a sus proyecciones de enero.

El petróleo, el gas y los fertilizantes como primer dominó

El informe describe una secuencia de shocks que arrancan en los mercados de materias primas. El cierre prolongado del estrecho de Ormuz —ruta por la que transita una porción enorme del petróleo, el gas natural licuado (GNL) y los fertilizantes del mundo— disparó los precios desde principios de marzo. El petróleo Brent, los precios europeos del gas natural y la urea llegaron en abril a promediar entre un 80% y un 106% por encima de sus niveles de enero, según datos recogidos por el Banco Mundial.

Para el conjunto de 2026, el organismo proyecta que el petróleo Brent promediará 94 dólares por barril, un 36% más que en 2025 y más de 50% por encima de lo previsto antes del conflicto. Los precios de la energía no son un dato aislado: son el canal principal por el que la crisis se transmite a toda la cadena de valor del turismo, desde el combustible de los aviones hasta la electricidad de los hoteles y el costo de los traslados terrestres.

Por qué el turismo es uno de los sectores más expuestos

A diferencia de otras industrias, los viajes y el turismo combinan casi todos los canales de transmisión que identifica el informe del Banco Mundial: dependen del transporte aéreo y, por tanto, del precio del combustible; dependen de la confianza del consumidor, que cae cuando sube la inflación; dependen de la estabilidad cambiaria y financiera de los países receptores; y, sobre todo, dependen de la percepción de seguridad de los viajeros, que es el factor más difícil de recuperar una vez dañado.

El propio informe lo señala explícitamente al hablar del comercio mundial de servicios: anticipa que el crecimiento del comercio de servicios se desacelerará, en parte reflejando el aumento de los costos de viaje y transporte por los mayores precios del combustible. Y advierte, citando literatura académica sobre tensión geopolítica prolongada, que ese tipo de estrés puede provocar caídas pronunciadas en el comercio de servicios, particularmente en el turismo.

El epicentro: Oriente Medio y Norte de África

La región donde el golpe es más directo es, lógicamente, la que da nombre al conflicto. El Banco Mundial proyecta que el crecimiento de las economías exportadoras de hidrocarburos en Oriente Medio caerá a apenas 0,3% en 2026, una rebaja de 4,3 puntos porcentuales respecto a la proyección de enero. Esa contracción no se explica solo por la caída en la producción de petróleo y gas: el informe atribuye buena parte del deterioro a «interrupciones en el comercio, la inversión extranjera y la actividad de servicios, incluido el turismo y la aviación».

En los países importadores de hidrocarburos de la región —entre ellos economías que dependen fuertemente de los ingresos turísticos— el informe anticipa una desaceleración del crecimiento en 2026 «en medio de mayores precios de la energía, interrupciones en el transporte marítimo y el turismo, y menores remesas». La recuperación, dice el reporte, solo llegaría en 2027-2028, y estará condicionada a que los flujos de turistas, el transporte marítimo y las remesas se normalicen junto con la disipación del conflicto.

El informe también detalla cómo, en varias economías de la región, el deterioro de las condiciones de seguridad provocó depreciaciones de la moneda, salidas de capital y una caída en la llegada de turistas, lo que obligó a varios gobiernos a implementar medidas de ahorro energético y subsidios adicionales para contener el impacto sobre los hogares.

Asia y el Pacífico: cuando el turismo de salida también se frena

El golpe no se queda en Oriente Medio. En el este de Asia y el Pacífico, el informe observa un patrón curioso: en algunos países, las llegadas de turistas habían vuelto a niveles previos a la pandemia, pero el menor turismo de salida desde China —uno de los mercados emisores más importantes del mundo— frenó esa recuperación, y el conflicto terminó de enfriar la actividad turística en general.

Para los países de la región que son importadores netos de energía, el reporte anticipa que el turismo «también podría verse perjudicado si surgen escasez de combustible para aviones o si los hogares postergan sus viajes» ante el aumento de los precios de la energía y el transporte. En las economías insulares del Pacífico, donde el turismo es un motor de crecimiento central, el Banco Mundial proyecta una desaceleración hacia 3,5% en 2026 y 3,3% en 2027-2028, en parte por la moderación del crecimiento liderado por el turismo en países como Fiyi.

Sur de Asia: remesas, divisas y «flujos turísticos» como variable de ajuste

El capítulo regional dedicado al sur de Asia ofrece otro ángulo revelador: muestra cómo el turismo se entrelaza con las remesas de trabajadores migrantes, muchos de ellos empleados en los países del Golfo. El informe señala que la recepción de remesas ha disminuido en varios países, particularmente las provenientes de los países del Consejo de Cooperación del Golfo, y que las interrupciones del turismo han agravado los desequilibrios fiscales y externos, con menciones específicas a Maldivas.

En Bután y Maldivas, dos economías donde el turismo pesa de forma desproporcionada en el PIB, el Banco Mundial anticipa que las interrupciones turísticas y el alza de los precios de la energía contribuirán a una desaceleración del crecimiento en 2026, con una recuperación recién prevista para 2027-2028, apoyada en el «retorno de los flujos turísticos», el aumento de las remesas y la expansión de la actividad hidroeléctrica.

Las balanzas de cuenta corriente de la región también se verán afectadas, en parte, por la caída en los ingresos por turismo y remesas, según el documento, lo que añade presión sobre las reservas internacionales de varios países justo cuando el costo de las importaciones de energía se encarece.

Lo que dicen los organismos del sector: cifras que confirman el diagnóstico del Banco Mundial

Los datos publicados por organismos especializados en turismo en las últimas semanas refuerzan, con cifras propias, el panorama que dibuja el Banco Mundial. Según ONU Turismo, las llegadas internacionales crecieron un 2% en el primer trimestre de 2026, impulsadas por un sólido arranque en enero y febrero, pero el ritmo se desplomó a apenas 0,4% en marzo, justo cuando estalló el conflicto. La organización ha recortado su previsión de crecimiento para todo 2026 entre uno y dos puntos porcentuales, desde un rango inicial de 3% a 4%.

Una encuesta del Panel de Expertos en Turismo de ONU Turismo encontró que casi dos tercios de los especialistas consultados (64%) consideran que el conflicto está afectando negativamente la demanda hacia sus destinos, y un 61% reporta caídas concretas en la llegada de turistas. En contraste, un 17% señaló un efecto inverso: un repunte de visitantes derivado de la redirección de flujos que antes se dirigían a zonas hoy percibidas como inseguras.

Análisis de la industria, como los de Tourism Economics, estiman que Oriente Medio podría recibir entre 23 y 38 millones de turistas menos en 2026 respecto al año anterior —una caída de entre 11% y 27%—, con pérdidas económicas regionales de entre 34.000 y 56.000 millones de dólares. Aeropuertos clave como el de Dubái han enfrentado interrupciones operativas directas, mientras que países con menor dependencia del transporte aéreo, como Bahréin y Qatar —que reciben una proporción significativa de visitantes por vía terrestre—, han mostrado algo más de resiliencia relativa.

El sector de la aviación también absorbe el golpe de forma directa. El cierre o la restricción de espacios aéreos estratégicos ha obligado a las aerolíneas a desviar rutas, especialmente en el corredor entre Europa y Asia, añadiendo hasta tres horas de vuelo en algunos trayectos. Ese mayor consumo de combustible se traslada, tarde o temprano, al precio del boleto, desincentivando los viajes de larga distancia justo en el segmento —los vuelos intercontinentales— que más ingresos genera para el sector.

Una crisis que redistribuye, más que destruye, la demanda

Tanto el informe del Banco Mundial como los análisis del sector turístico coinciden en un matiz importante: no se trata únicamente de una caída generalizada de la demanda, sino también de una redistribución de los flujos. Analistas del sector asegurador señalan que es probable que los segmentos de viajes de corta distancia y de turismo doméstico muestren mayor resiliencia, beneficiándose de la reasignación de la demanda de viajeros que antes optaban por destinos más lejanos o ahora percibidos como riesgosos.

Esto coincide con lo que documenta el Banco Mundial a escala macroeconómica: mientras las economías directamente expuestas al conflicto —y sus destinos turísticos— sufren caídas pronunciadas en su actividad, otras economías, particularmente aquellas integradas en las cadenas de suministro de tecnología relacionada con la inteligencia artificial, han mantenido un desempeño mucho más sólido. El turismo parece replicar ese patrón: se concentra el daño en los destinos más expuestos a la inestabilidad y al encarecimiento del transporte aéreo, mientras otros mercados absorben parte de esa demanda desplazada.

El factor psicológico: la variable que más tarda en sanar

Quizás el hallazgo más relevante para la industria de viajes no sea estrictamente económico, sino conductual. Tanto el Banco Mundial como los análisis especializados coinciden en que, más allá de la duración formal del conflicto, las repercusiones psicológicas sobre la decisión de viajar tienden a prolongarse. La percepción de riesgo entre los viajeros de los principales mercados emisores —Estados Unidos y Europa— ha llevado a cancelaciones de itinerarios hacia el Mediterráneo oriental y países vecinos a la zona del conflicto, incluso entre naciones que no participan directamente en las hostilidades.

El Banco Mundial enmarca esto dentro de un riesgo más amplio: si las disrupciones en el suministro energético resultan más severas o prolongadas de lo asumido en el escenario base —que contempla que la fase más aguda termine hacia julio, con el tráfico por el estrecho de Ormuz normalizándose hacia fines de año—, el crecimiento global podría caer hasta apenas 1,3% en 2026, con una inflación que treparía a 4,4%. En ese escenario adverso, el impacto sobre el turismo —ya debilitado— sería considerablemente mayor, y la recuperación que el informe proyecta para 2027-2028 quedaría en entredicho.

La cuenta regresiva hacia la recuperación

El propio informe del Banco Mundial ofrece, no obstante, una hoja de ruta hacia la normalización. Para 2027-2028, proyecta que el crecimiento global se recupere a un promedio de 2,8%, a medida que los precios de la energía se moderen, las condiciones financieras se relajen y el comercio se recupere. Para el turismo, eso se traduce en una expectativa de recuperación de los flujos de visitantes, las remesas y el transporte marítimo, especialmente en las regiones donde la actividad turística representa una porción significativa del PIB.

Pero esa recuperación está condicionada, según el propio Banco Mundial, a que «los efectos del conflicto se disipen». Mientras tanto, la industria de viajes y turismo —que en 2025 había logrado por fin superar los niveles previos a la pandemia— atraviesa 2026 como uno de los termómetros más sensibles de un mundo donde la geopolítica, una vez más, se impone sobre la economía.

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