La Vega, RD. – “Vamos al cerro hoy que mañana es imposible. O si prefieres vamos de madrugada en el primer Vía Crucis del día” le plantea doña Braulia a doña Lola en la víspera de Las Mercedes en la ciudad de La Vega. Doña Lola le responde: “Sabes que subir al Santo Cerro estos días es una tarea difícil, para no decir imposible”.
Es el ambiente que se respira entre devotos de la Virgen y entre gente común que, si bien confiesan ser parte de la advocación de la patrona del pueblo dominicano, prefieren otros días para visitar el histórico lugar del Santo Cerro.
Y es que hay viajes que comienzan cuando uno decide salir de casa y otros que empiezan mucho antes, cuando una historia familiar, una tradición o una creencia nos dice que debemos llegar a un determinado lugar. En septiembre, ese lugar para miles de dominicanos es el Santo Cerro de La Vega.
Cada año, cuando llega el 24 de septiembre, la carretera que conduce hasta esta elevación del Cibao se convierte en camino de peregrinación. Familias, grupos de amigos y devotos procedentes de distintos puntos del país llegan hasta el Santuario Nacional Nuestra Señora de las Mercedes para participar en las celebraciones dedicadas a la patrona nacional.
Pero para quien mira La Vega con ojos de viajero, la experiencia no termina en el templo.
El Santo Cerro es una puerta de entrada a una historia que conecta la religiosidad dominicana con los primeros capítulos de la presencia europea en América, las ruinas de La Vega Vieja, el paisaje del valle de La Vega Real y una ciudad que conserva otras expresiones de la cultura dominicana.
Por eso el programa “Septiembre: Mes de la Fe, la Cultura y la Identidad Dominicana”, impulsado este año por el Clúster Turístico de La Vega y el Comité de Apoyo a la Población Vegana (COAPOLV), adquiere una dimensión que trasciende el calendario de actividades.
La propuesta intenta convertir una tradición viva en una oportunidad para mirar el destino completo.
El Santo Cerro: un viaje hacia los orígenes

La historia del santuario está estrechamente vinculada a los primeros años de la colonización española.
De acuerdo con la historia divulgada por el propio Santuario Nacional, la advocación de Nuestra Señora de las Mercedes tiene sus raíces en Cataluña, donde, según la tradición católica, la Virgen se apareció en 1218 a Pedro Nolasco, Jaime I de Aragón y Raimundo de Peñafort, dando origen a la Orden de la Merced.
La misma tradición mercedaria sostiene que la advocación llegó al Nuevo Mundo durante el segundo viaje de Cristóbal Colón y que una imagen de la Virgen acompañó a los religiosos que viajaron con él en 1493. El santuario vegano identifica aquella advocación como la primera mariana que llegó al Nuevo Mundo.
En el Santo Cerro, la tradición sitúa en marzo de 1495 la plantación de una cruz por Cristóbal Colón. Allí, posteriormente, el mercedario Juan Infante habría levantado una primera capilla para venerar a la Virgen, dando origen al lugar de culto que con el paso de los siglos se convertiría en uno de los principales santuarios marianos del Caribe.
La primera capilla documentada en la historia del santuario se remonta al siglo XVI, mientras que el templo actual comenzó a construirse en 1880 bajo la dirección del arquitecto Onofre de Lora.
La historia de la devoción también se fue entrelazando con la historia nacional. El santuario registra que en 1615 la Virgen de las Mercedes fue reconocida como patrona de la isla de La Española y que, tras la Independencia dominicana, en 1844, fue declarada Patrona Nacional. La festividad, originalmente celebrada el 8 de septiembre, fue trasladada al 24 de septiembre en 1740. Así, cada peregrinación contemporánea carga consigo una memoria de varios siglos.
Cuando la ciudad sube al cerro

El 24 de septiembre de 2026 cae jueves y es feriado nacional. La fecha vuelve a colocar a La Vega en el centro del calendario religioso dominicano.
El sitio oficial de turismo de República Dominicana identifica septiembre como temporada alta para el Santo Cerro por sus fiestas patronales y presenta el lugar como un destino que combina turismo religioso, cultura, patrimonio e historia.
La recomendación para el visitante es sencilla: subir al santuario, conocer el templo, detenerse ante sus espacios de devoción y mirar desde la altura el extenso valle que se abre frente a la loma.
El propio Ministerio de Turismo señala entre los atractivos del lugar las peregrinaciones, la historia vinculada a Cristóbal Colón y el origen de la devoción, además de las vistas panorámicas del valle de La Vega.
Pero hay otra experiencia que difícilmente aparece en una ficha turística: observar cómo una tradición religiosa transforma durante unas horas la dinámica de todo un territorio.
La peregrinación moviliza personas, transporte, comercio, alimentos, recuerdos religiosos y servicios. En años anteriores, medios dominicanos han documentado la llegada de fieles desde diferentes localidades del país, algunos de ellos caminando como expresión de penitencia o agradecimiento. También forman parte de la celebración los productos y alimentos que se comercializan tradicionalmente en los alrededores del santuario.
Es precisamente allí donde la fe comienza a encontrarse con el turismo.
Las Mercedes y la geografía mariana dominicana

La devoción a la Virgen María ocupa un lugar particular en la cultura religiosa dominicana, pero no existe una sola geografía mariana.
La Altagracia tiene su gran centro de peregrinación en Higüey. La Basílica Catedral Nuestra Señora de la Altagracia recibe cada año miles de peregrinos y constituye, según el portal oficial de turismo, el principal santuario mariano del país. Sus grandes arcos y su arquitectura moderna forman además uno de los paisajes arquitectónicos más reconocibles del Este dominicano.
La dimensión turística de esa devoción ya se refleja incluso en la infraestructura. En 2024 fue inaugurado en Higüey el Boulevard de la Peregrinación y la llamada Vía Sacra, con un recorrido entre el Santuario San Dionisio y la Basílica que incorpora estelas vinculadas a los misterios de la Virgen y espacios públicos renovados. El proyecto fue presentado oficialmente como una intervención con sentido religioso, histórico y turístico.
Las Mercedes y La Altagracia forman así dos grandes referencias de la espiritualidad mariana dominicana, con fechas, santuarios y territorios distintos, pero con un elemento común: la devoción produce movimiento.
En enero de 2026, por ejemplo, el Operativo Altagraciano movilizó más de 9,000 colaboradores y voluntarios para atender el desplazamiento de peregrinos hacia Higüey, con ambulancias, puestos de socorro y dispositivos de prevención vial.
El fenómeno demuestra que el turismo religioso no es solamente visitar una iglesia.
Implica carreteras, alojamiento, gastronomía, comercio, seguridad, interpretación patrimonial y servicios para recibir a quienes llegan movidos por una motivación espiritual.
De la peregrinación a la experiencia cultural
Para La Vega, la oportunidad está en ampliar la mirada.
Quien sube al Santo Cerro puede continuar su viaje hacia las Ruinas de La Vega Vieja, donde se conservan vestigios de una de las primeras ciudades españolas establecidas en América.
El Parque Nacional Arqueológico e Histórico de Pueblo Viejo forma parte de la Lista Indicativa de Patrimonio Mundial de la UNESCO, de acuerdo con la documentación recogida en la agenda turística de septiembre de la provincia.
El recorrido puede continuar hacia la ciudad de La Vega, su Catedral de la Inmaculada Concepción, sus espacios culturales y museísticos, y posteriormente hacia otros escenarios de montaña y naturaleza de la provincia.
Es decir, la peregrinación puede ser el comienzo de un viaje y no necesariamente su destino final. Ese concepto resulta particularmente interesante para el turismo cultural dominicano.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) considera que las prácticas sociales, rituales y festividades forman parte del patrimonio cultural inmaterial y señala que estas celebraciones pueden reafirmar la identidad y los vínculos de las comunidades con sus tradiciones. También advierte que la participación turística puede aportar beneficios, pero requiere cuidar la continuidad y el carácter propio de esas prácticas.
Ahí está uno de los grandes retos para destinos como La Vega: convertir la cultura viva en experiencia turística sin convertirla simplemente en espectáculo.
Un septiembre para descubrir otra República Dominicana
La iniciativa del Clúster Turístico de La Vega y COAPOLV plantea precisamente una mirada más amplia.
Su agenda de septiembre reúne fe, patrimonio, historia, cultura, seguridad y comunidad, con actividades concebidas para poner en valor distintos recursos del territorio.
La propuesta llega además en un momento simbólico: el programa conmemora los 530 años de los primeros bautizos cristianos celebrados en el Nuevo Mundo, según la agenda presentada por las instituciones veganas, y busca conectar ese episodio histórico con los recursos patrimoniales que todavía pueden recorrerse en el territorio.
Para el visitante dominicano, septiembre ofrece entonces una oportunidad de escapada diferente.
Para el viajero internacional que busca comprender el país más allá de las playas, puede convertirse en una puerta hacia una República Dominicana menos conocida: la de las peregrinaciones, los santuarios, las ciudades antiguas, las tradiciones populares, la arquitectura religiosa, los relatos coloniales y los paisajes interiores.
Y para La Vega, el desafío consiste en hacer que todos esos elementos dejen de funcionar como atractivos aislados y comiencen a contarse como una sola experiencia de destino.
Una ruta para vivir La Vega
Una escapada de septiembre puede comenzar temprano en el Santo Cerro, reservando tiempo para conocer el santuario y contemplar el valle desde la montaña.
Desde allí, el viajero puede continuar hacia las Ruinas de La Vega Vieja, para aproximarse a los primeros capítulos de la historia colonial de la isla, y después regresar a la ciudad para conocer su patrimonio religioso y cultural.
Una visita a la Catedral de la Inmaculada Concepción permite completar esa lectura de la espiritualidad vegana. La ciudad ofrece además la posibilidad de conectar el viaje con su gastronomía, sus museos, sus tradiciones y, dependiendo de la temporada, con otras manifestaciones culturales.
Para quienes dispongan de más tiempo, La Vega puede convertirse en base para extender la escapada hacia Jarabacoa, Constanza y otros paisajes de montaña del Cibao.
La gran ventaja es que el viajero no tiene que escoger entre historia, cultura, naturaleza y fe. En esta parte del país, los cuatro caminos se encuentran.
Más que una fiesta religiosa
Cada 24 de septiembre, el Santo Cerro vuelve a llenarse de personas que llegan con historias personales: promesas, agradecimientos, peticiones, recuerdos familiares o simplemente el deseo de participar en una tradición transmitida de generación en generación.
El turismo puede observar ese fenómeno, pero no sustituirlo.
La verdadera riqueza turística está precisamente en poder acercarse a él con respeto y comprender que detrás de una peregrinación hay una comunidad, una memoria y una forma particular de relacionarse con el territorio.
Eso es lo que hace de septiembre un momento singular para viajar a La Vega. No se trata solamente de visitar un santuario. Se trata de caminar por un paisaje donde la historia dominicana comenzó a escribirse hace más de cinco siglos, escuchar las voces de una tradición religiosa que todavía permanece viva y descubrir que, en el corazón del Cibao, la fe también puede convertirse en una manera de conocer el país.








