Santo Domingo, RD. – Cuatro hoteles dominicanos mantienen sus posiciones en la nueva edición de la Guía Llaves Michelín 2026 que incorpora esta vez 470 nuevos hoteles y eleva a 2,832 los establecimientos distinguidos en el mundo, dentro de una guía que ya reúne más de 9,400 propiedades.
Con sus cuatro hoteles con Llaves Michelín y otros ocho establecimientos incluidos en la selección, República Dominicana forma parte de esa nueva conversación internacional sobre la hospitalidad.
Llaves Michelín no es en realidad una clasificación de cantidad de habitaciones ni un inventario de hoteles de lujo: es, sobre todo, una ventana hacia la manera en que uno de los referentes mundiales del viaje está identificando los lugares donde considera que dormir también puede ser una forma de descubrir un destino.
En ese entorno, República Dominicana aparece con cuatro hoteles premiados y América Latina concentra una creciente colección de experiencias de lujo vinculadas al paisaje, la cultura y la aventura.
La nueva edición confirma además la expansión internacional de un sistema que Michelín comenzó a desplegar en 2024 para trasladar al mundo de la hotelería el concepto de distinción que durante más de un siglo ha utilizado en la gastronomía. La selección de 2026 incorpora por primera vez hoteles con Llaves Michelín en Armenia, Benín, Botsuana, Kazajistán, Liechtenstein, Mongolia, Myanmar, Ruanda, Eslovaquia y Zimbabue, mientras más de 80 establecimientos ascendieron dentro de la clasificación.
República Dominicana, cuatro hoteles en el mapa Michelín

En el Caribe, República Dominicana aparece con cuatro hoteles distinguidos con Llaves Michelín, según el listado actualizado de la guía: Amanera y Eden Roc Cap Cana ostentan dos Llaves, mientras Casas del XVI y Tortuga Bay, Puntacana Resort & Club, poseen una Llave. Además, otros ocho establecimientos dominicanos forman parte de la selección hotelera de Michelín sin recibir una Llave.
El resultado coloca al país en una posición particularmente visible dentro de la oferta hotelera caribeña. Michelín contabiliza cuatro hoteles con Llave en República Dominicana, la misma cantidad que registra Bahamas y Antigua y Barbuda; por encima aparecen destinos como Saint-Barthélemy, con nueve, y Jamaica, Turks and Caicos y otros territorios con cinco. Puerto Rico registra dos.
La importancia de la selección dominicana no está solamente en el número. Los dos hoteles que alcanzan las dos Llaves representan conceptos de hospitalidad muy distintos: Eden Roc Cap Cana se desarrolla como un enclave de lujo integrado al paisaje turístico de Cap Cana, mientras Amanera apuesta por una experiencia más íntima y vinculada al paisaje natural de la costa norte, con sus casitas suspendidas sobre los acantilados de Playa Grande. La propia Michelín los había destacado entre los hoteles de alta gama más relevantes del Caribe.
Las Llaves: una nueva forma de leer un hotel
Michelín no plantea las Llaves como una clasificación convencional de estrellas hoteleras. La evaluación se realiza mediante visitas anónimas e independientes y busca valorar la experiencia integral de hospedarse, considerando elementos como arquitectura y diseño, calidad y consistencia del servicio, personalidad y carácter, relación calidad-precio y conexión del establecimiento con su entorno.
La escala tiene tres niveles. Una Llave identifica una estancia muy especial; dos, una estancia excepcional; y tres, una estancia extraordinaria, la máxima distinción de la guía.
En 2026 existen 155 hoteles con tres Llaves, 657 con dos y 2,020 con una. La nueva edición incorporó 18 hoteles que alcanzaron por primera vez la máxima distinción.
Y aunque el volumen de hoteles de lujo es considerable, la selección no se limita a los grandes resorts. Michelín destaca que sus inspectores están encontrando propuestas cada vez más diversas: hoteles boutique, alojamientos inmersos en la naturaleza, propiedades históricas restauradas, villas privadas y establecimientos que convierten el paisaje y la cultura local en parte esencial de la experiencia.
América Latina: lujo que se construye alrededor del paisaje
Es precisamente en América Latina donde esa transformación resulta especialmente visible. La selección 2026 reúne 94 hoteles con Llave en Sudamérica, distribuidos entre siete países: Brasil tiene 22; Chile, 20; Argentina, 16; Perú, 15; Colombia, 11; Ecuador, 5; y Uruguay, 5.
El dato revela una geografía hotelera que no se concentra exclusivamente en las grandes capitales. Los inspectores de MICHELIN encuentran establecimientos destacados en ciudades, costas, territorios rurales y algunos de los paisajes naturales más extremos del continente.
Brasil encabeza la lista sudamericana con 22 hoteles con Llave. Chile le sigue con 20, mientras Argentina alcanza 16 y Perú 15. La selección refleja así una combinación de hotelería urbana, establecimientos patrimoniales, refugios de naturaleza y lodges diseñados alrededor de experiencias de aventura.
Entre las novedades latinoamericanas destaca Cinco Quintas Hotel Boutique, en Cartagena de Indias, Colombia, incorporado con una Llave. La propiedad ocupa un edificio dentro de la ciudad amurallada y combina arquitectura histórica con diseño contemporáneo. Michelín también elevó a dos Llaves a explora Rapa Nui, en Chile, un establecimiento que utiliza la experiencia de exploración del territorio y el patrimonio arqueológico de Isla de Pascua como parte fundamental de su propuesta.
Perú conserva, entretanto, uno de los hoteles más destacados de todo el continente: Las Casitas, en el valle del Colca, mantiene por segundo año consecutivo sus tres Llaves MICHELIN. El establecimiento ocupa una extensión de unas 20 acres y funciona como puerta de entrada a los Andes y al valle del Colca.
Costa Rica consigue la única nueva Triple Llave de América
La gran noticia latinoamericana de la edición 2026 está en Costa Rica. El país consiguió el único nuevo hotel de tres Llaves Michelín de todo el continente americano: Nekajui, a Ritz-Carlton Reserve, ubicado en la península de Papagayo.
El establecimiento fue ascendido desde dos Llaves y se convierte, según Michelín, en el único nuevo hotel que alcanza las tres Llaves en América en esta edición. El complejo está integrado en un territorio de unas 1,400 acres de bosque tropical y playas, y su arquitectura y experiencia están planteadas alrededor de ese entorno.
Costa Rica suma además 23 hoteles con Llave, incluyendo cuatro nuevos de una Llave y tres de dos Llaves. En Centroamérica le siguen Belice y Guatemala, con cinco cada uno; Panamá tiene cuatro, Honduras dos y Nicaragua uno.
Es un dato que ayuda a entender hacia dónde mira actualmente la hotelería de alta gama de la región: no solamente hacia el tamaño del resort o la cantidad de servicios, sino hacia la capacidad de convertir naturaleza, aventura, arquitectura y cultura local en parte del producto turístico.
El Caribe: un archipiélago de experiencias hoteleras
La presencia caribeña es todavía más amplia. La selección de Michelín distribuye hoteles con Llave entre numerosas islas y territorios, desde Saint-Barthélemy, Jamaica y Turks and Caicos hasta Bahamas, República Dominicana, Antigua y Barbuda, Grenada, Santa Lucía, Anguilla, Islas Caimán, Puerto Rico, Aruba y Barbados, entre otros.
Saint-Barthélemy encabeza la relación caribeña con nueve hoteles con Llave, mientras Jamaica y Turks and Caicos cuentan con cinco cada uno. Bahamas, República Dominicana y Antigua y Barbuda registran cuatro.
Pero el dato que quizá mejor retrata la competencia hotelera del Caribe está en la cima de la clasificación: Cheval Blanc, en Saint-Barthélemy, es el único hotel de una isla caribeña que posee tres Llaves Michelín. La guía lo describe como una propiedad instalada junto a Flamands Beach, con experiencias personalizadas y una fuerte conexión con el destino.
República Dominicana aparece inmediatamente en ese escenario de alta competencia, con Amanera y Eden Roc Cap Cana en el segundo nivel de la clasificación.
Más allá del lujo: la nueva idea de viajar
La lectura de la selección 2026 permite identificar también una transformación en la manera en que Michelín interpreta la hotelería. Sus inspectores señalan un crecimiento de los viajes más lentos e inmersivos, el interés por destinos menos saturados, la combinación de viajes de negocios y ocio, nuevas formas de lujo vinculadas a la privacidad y la naturaleza, y una expansión del concepto de bienestar más allá del tradicional spa.
También aparece con fuerza lo que la guía denomina “rough luxury”, una suerte de lujo menos convencional que puede expresarse en alojamientos en plena naturaleza, tiendas sofisticadas, villas privadas o propiedades donde el aislamiento forma parte de la experiencia.
En América Latina esta tendencia encuentra un territorio especialmente fértil. Patagonia, los Andes, la Amazonía, las costas tropicales, las islas y los bosques centroamericanos permiten construir productos hoteleros en los que el alojamiento deja de ser simplemente el lugar donde duerme el viajero y se convierte en una plataforma para descubrir el destino.








