Playa Nueva Romana, RD. – Con el Caribe como telón de fondo y el viento como invitado inesperado, el Dominican Republic Tour Championship presentado por Scotiabank dio ayer su primer golpe. Por primera vez, el país recibe la final del PGA Tour Américas, que reúne a los mejores jugadores de la temporada en una cita de 72 hoyos y sin corte, hasta este domingo 18.
La jornada inaugural tuvo protagonista. El estadounidense Jake Sollon, de 28 años y natural de Pittsburgh, aprovechó la calma de la mañana para firmar nueve birdies y un bogey, y cerró con 64 golpes (-8). Salió a las 8:35 a.m. y terminó antes de que el viento se hiciera sentir con fuerza en la tarde, con ráfagas de entre 19 y 30 km/h bajo un cielo parcialmente nublado y 31 °C. Sollon llegó a la semana en el puesto 50 de la lista de puntos. Con este resultado se proyecta noveno, aunque solo una victoria le garantizaría un lugar entre los diez primeros.
Le sigue a un golpe el costarricense Luis Gagne, de 29 años, con 65 (-7) y ocho birdies. Es el mejor de los cinco latinoamericanos del field y, de mantener la segunda posición, saltaría al puesto 19 de la lista. Thomas Longbella, de Estados Unidos, es tercero con 67. Cinco jugadores empatan en el cuarto lugar con 68 (-4): Patrick Sheehan, Patrick Flavin, Mesa Falleur, Jonas Baumgartner y Marcus Byrd.
Entre los latinoamericanos, el costarricense Paul Chaplet se ubica noveno (69), los mexicanos José de Jesús Rodríguez y Omar Morales empatan en el 22.º lugar (71), y el argentino Mateo Fernández de Oliveira está en el 30.º (72, par del campo).
Lo que está en juego explica la tensión. Los diez primeros de la lista de puntos obtendrán estatus completo en el Korn Ferry Tour 2027 y exención a la Etapa Final del Q-School del PGA Tour. Del 11 al 25 habrá acceso a la Segunda Etapa. Según el árbitro principal del PGA Tour, Cam Crawford, incluso quien llegó como número 60 puede ganar y colarse entre los elegidos. El campeón se llevará 40,500 dólares de una bolsa de 225,000 y 600 puntos, 100 más que en un torneo regular.

Un escaparate para el turismo deportivo
Más allá de las tarjetas, la cita tiene una lectura turística. El torneo cuenta con el respaldo del Ministerio de Turismo (Mitur) y llega a un campo de 27 hoyos con un recorrido de campeonato par 72 de unas 7,300 yardas. Cuatro de sus hoyos miran al mar Caribe. PGA Ocean’s 4 es el único campo del país afiliado a la PGA of America, y en 2025 fue reconocido como Mejor Campo de Golf de las Américas por la IAGTO y como el mejor de República Dominicana por los World Golf Awards. Para el torneo se renovaron búnkeres y áreas de salida, dentro de un proyecto de rediseño asociado a Robert Trent Jones II.
El golf ya pesa en la economía del sector. El Mitur estima que el país recibe entre 250,000 y 300,000 turistas de golf al año, con un impacto superior a los 400 millones de dólares. En ese contexto, los organizadores ven la final como una vitrina ante audiencias internacionales, y Piñero la inscribe en una estrategia de largo plazo que conecta PGA Ocean’s 4 con PGA Riviera Maya, en Tulum, México, y abre una ruta competitiva entre dos destinos caribeños.
Queda por medir el efecto real. Como advirtió Vive Dominicana, un torneo moviliza jugadores, familiares, equipos técnicos, patrocinadores y aficionados que dinamizan alojamiento, restauración, transporte y comercios, pero su magnitud dependerá de cuántos visitantes viajen expresamente, cuántas noches se queden y cuánto de su gasto permanezca en la economía local. Esa es la cuenta pendiente de la primera final dominicana.
El golf vuelve hoy con salidas en dúos, desde las 7:30 a.m. hasta las 12:35 p.m., y con Sollon al frente de un tablero que sigue abierto.
Una conexión regional que puede extender la experiencia

La estrategia de Piñero también contempla una conexión entre PGA Ocean’s 4, en República Dominicana, y PGA Riviera Maya, en Tulum Country Club, México, donde está previsto que se dispute el Tulum Championship del Korn Ferry Tour en 2027.
Esta relación entre instalaciones de dos destinos caribeños abre una posibilidad de promoción conjunta que va más allá de un campeonato aislado. La conexión entre circuitos, campos y calendarios puede ayudar a construir itinerarios de golf regionales y a fortalecer las relaciones entre operadores turísticos, instalaciones deportivas y mercados emisores.
Para República Dominicana, el desafío consiste en convertir esa exposición en una propuesta comercial sostenible: atraer jugadores durante más meses del año, estimular el regreso de quienes conocen el destino por el torneo y vincular la práctica deportiva con otros atractivos de La Romana y de la región este.
Playa Nueva Romana dispone de una combinación de campo de golf, entorno costero y oferta residencial que puede contribuir a esa estrategia. La final representa una ocasión para presentar esa combinación ante una audiencia internacional especializada, pero la continuidad dependerá de la calidad de los servicios, la conectividad, la promoción y la capacidad de convertir el interés deportivo en reservas y visitas.
Un punto de partida para el golf como producto turístico

El inicio del Dominican Republic Tour Championship presented by Scotiabank coloca a República Dominicana en una posición relevante dentro del calendario continental del golf profesional. El resultado deportivo se decidirá el domingo, pero el valor estratégico de la cita también estará en la experiencia que ofrezca a jugadores y espectadores y en la visibilidad que genere para el país.
La competencia permite mostrar que el destino cuenta con instalaciones capaces de recibir un campeonato de esta categoría y con aliados interesados en desarrollar el turismo deportivo como parte de una oferta más diversa.
El reto posterior será sostener esa proyección: medir los resultados, atraer nuevas competiciones, fortalecer la formación de jugadores y conectar el golf con la economía turística local. Si esa continuidad se materializa, la final de 2026 podrá representar algo más que cuatro jornadas de competencia: un paso para consolidar a República Dominicana como destino de golf y turismo deportivo en el Caribe.








