Bangkok / Londres / Dubái.– La industria turística mundial enfrenta una nueva etapa de incertidumbre tras el impacto generado por la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, conflicto que ya comienza a alterar reservas, rutas aéreas, costos operativos y decisiones de viaje en varios continentes.
Un nuevo informe de la consultora Pear Anderson y la Asociación de Turismo del Sudeste Asiático (ASEANTA) confirma que el tablero global del turismo se está moviendo con rapidez, con países perjudicados por la crisis y otros beneficiados por el desvío de la demanda.
El estudio revela que 48% de las empresas turísticas del Sudeste Asiático considera que las perspectivas del segundo trimestre de 2026 son peores de lo previsto al inicio del año debido al conflicto. La principal razón no es solo la percepción de inseguridad, sino el efecto dominó sobre la aviación: cierre parcial de espacios aéreos, mayores tiempos de vuelo, incremento de seguros y alza del precio del combustible.
El golpe más visible recae sobre Medio Oriente, una región que había logrado consolidarse como gran centro de conexión aérea global gracias a aerolíneas como Emirates, Qatar Airways y Etihad Airways. La inestabilidad geopolítica ha provocado cancelaciones y aplazamientos, afectando tanto al turismo receptivo como al tránsito internacional entre Europa, Asia y Oceanía. En el sondeo, 72% de agencias reportó postergaciones o cancelaciones hacia Medio Oriente.
Europa también sufre impactos colaterales. Aunque el continente mantiene atractivo turístico, muchas rutas entre Asia y Europa dependen históricamente de hubs del Golfo. La interrupción parcial de esas conexiones ha elevado tarifas y reducido flexibilidad operativa. El informe señala que 70% de operadores consultados detectó cancelaciones o aplazamientos hacia Europa.
Uno de los grandes perjudicados es el turismo de larga distancia sensible al precio: viajeros que dependen de conexiones múltiples y tarifas promocionales. El encarecimiento del petróleo se traduce en boletos más caros, lo que reduce viajes familiares, escapadas urbanas y turismo de compras, especialmente desde mercados emergentes de Asia y África.
Pero toda crisis genera redistribución de flujos. El principal beneficiado momentáneo sería el Sudeste Asiático. Según la encuesta, 64% de las empresas cree que la región captará viajes redirigidos por ofrecer destinos competitivos, cercanos entre sí, relativamente seguros y con fuerte conectividad intrarregional. Países como Thailand, Vietnam, Malaysia e Indonesia aparecen bien posicionados para absorber parte de esa demanda.
También gana terreno el turismo doméstico y regional. En mercados como Philippines, empresas consideran que parte de los viajeros preferirá quedarse dentro del país o viajar a destinos cercanos para evitar incertidumbre y mayores costos. Este patrón recuerda el comportamiento visto tras la pandemia: menos distancia, más frecuencia y mayor valor por dinero.
En Occidente, los destinos del Caribe y América Latina podrían captar beneficios indirectos, especialmente entre viajeros norteamericanos que prioricen vacaciones cercanas y estables frente a itinerarios largos hacia Europa o Asia. Destinos como Dominican Republic, Mexico y Costa Rica suelen fortalecerse cuando el mercado estadounidense busca alternativas de menor tiempo de vuelo. Sin embargo, también enfrentan el riesgo del aumento del combustible, que encarece la operación aérea.
Las aerolíneas son otro actor decisivo en esta crisis. Con combustible más caro y rutas más largas para evitar zonas sensibles, muchas compañías ajustan frecuencias, priorizan rutas rentables y encarecen tarifas. Esto puede beneficiar a hubs alternativos como Singapore o Istanbul, mientras debilita corredores tradicionales del Golfo.
Los expertos consultados por Pear Anderson advierten, no obstante, que el viajero global sigue mostrando resiliencia. Si el conflicto no escala y el petróleo se estabiliza, la demanda reprimida podría regresar con rapidez. Pero si la guerra se prolonga, el turismo mundial entraría en una fase de viajes más caros, más regionales y más selectivos.
En síntesis, el turismo global no se detiene, pero cambia de dirección. Medio Oriente pierde impulso, Europa enfrenta fricciones operativas, Asia redistribuye flujos y los destinos cercanos al consumidor ganan atractivo. En 2026, más que elegir dónde vacacionar, millones de viajeros están recalculando cómo, cuánto cuesta y qué tan seguro es llegar.








