Santiago puso en valor la artesanía como memoria viva y atractivo del turismo cultural en el primer Congreso de Artesanos del Centro Cultural Banreservas

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Santiago de los Caballeros, RD. – La artesanía no solo cuenta la historia de un pueblo; también puede convertirse en una de las formas más auténticas de conocerlo. Esa idea estuvo en el centro del Primer Congreso de Artesanos de Santiago, que reunió durante tres días a creadores, gestores culturales, emprendedores y representantes de instituciones vinculadas al sector en el Centro Cultural Banreservas Santiago.

El encuentro, celebrado del 7 al 9 de agosto, fue organizado por el Centro Cultural Banreservas Santiago junto con la Fundación para el Desarrollo de la Artesanía (FUNDECART) y la Federación de Artesanos, con una agenda dedicada a discutir los desafíos que enfrenta el oficio y las oportunidades que ofrecen la innovación, la comercialización y las herramientas digitales.

Más que una reunión gremial, el congreso colocó sobre la mesa el valor de la artesanía como parte del patrimonio cultural y como componente del turismo de experiencias. Una pieza elaborada a mano puede convertirse para el visitante en algo más que un recuerdo: es una manera de llevarse una parte de la identidad del territorio.

La apertura estuvo marcada por el homenaje al maestro artesano Gregorio Tavares, “Tony”, a quien fue dedicado el congreso por su trayectoria y sus aportes al desarrollo de la artesanía dominicana. La escritora y gestora cultural Bellísima Escoto presentó una semblanza sobre su vida y destacó su trabajo en el arte popular, la preservación del folclore y la formación de nuevas generaciones.

El programa abordó algunos de los asuntos que determinarán la supervivencia y evolución del oficio en los próximos años. Entre ellos estuvieron el marco legal de la artesanía, la competencia que enfrentan los creadores, la innovación, la presencia digital y las estrategias para aumentar el valor de los productos artesanales.

Uno de los temas más sugerentes fue precisamente la relación entre tradición y tecnología. La ponencia “Innovación con raíces: manos tradicionales y presencia digital” planteó la necesidad de que los artesanos puedan llevar sus creaciones a nuevos públicos sin perder la esencia cultural que les da valor.

También se abordó la posibilidad de convertir al propio artesano en embajador de la identidad dominicana. La conferencia “El artesano como embajador: cómo llevar la identidad cultural” puso de relieve una oportunidad particularmente vinculada al turismo: que los visitantes no solo compren objetos, sino que conozcan las historias, técnicas y conocimientos que existen detrás de cada pieza.

El congreso dedicó igualmente espacio a una pregunta fundamental para cualquier actividad artesanal: cómo darle mayor valor al producto. Las maestras artesanas Ana Beato y Brayla Marte compartieron experiencias alrededor de ese desafío, mientras un panel reunió a los participantes para intercambiar reflexiones sobre las dificultades y oportunidades del sector.

Para Santiago, una ciudad con una fuerte tradición cultural y creativa, este diálogo adquiere especial significado. La artesanía puede formar parte de una oferta turística que combine patrimonio, gastronomía, arte, música, arquitectura y experiencias comunitarias, ampliando las razones por las que un visitante decide permanecer más tiempo en el destino.

En ese sentido, el congreso dejó una mirada hacia el futuro: preservar la tradición no significa mantenerla inmóvil. El reto consiste en conseguir que los conocimientos transmitidos de generación en generación puedan encontrar nuevos mercados, nuevas audiencias y nuevas formas de expresión.

La artesanía dominicana tiene así una doble condición: es patrimonio que merece ser conservado y, al mismo tiempo, una actividad productiva que puede generar ingresos, emprendimiento y experiencias para quienes visitan el país.

El Primer Congreso de Artesanos de Santiago puso esa conversación en escena y reivindicó al creador como parte esencial del relato turístico. Porque detrás de cada pieza artesanal hay algo que ningún producto industrial puede reproducir: la historia de un lugar contada por las manos de su gente.

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