Santo Domingo, RD. – Los números fríos dicen que República Dominicana recibió 7,700,118 visitantes entre enero y julio de este año, un 7% más que en el mismo período de 2025 y el mejor arranque de año en la historia del sector. Pero detrás de esa cifra hay algo más difícil de graficar: una cocinera que hoy tiene turno fijo, un guía que ya no puede atender solo a los grupos que le llegan, una vendedora de bebidas en la playa que por primera vez se llama a sí misma empresaria.
El propio Ministerio de Turismo (Mitur) lo resumió con una frase que funciona como titular de este balance de mitad de año: «esto que presentamos hoy es más que estadísticas, es empleo y mejores condiciones de vida para los dominicanos», dijo el ministro David Collado al presentar los resultados del sector.
Una fábrica de empleos que no se ve desde la playa
Julio de 2026 dejó una fotografía elocuente: 183,000 empleos hoteleros directos, entre trabajadores fijos y contratistas, sostenidos exclusivamente por la operación de los hoteles del país. La cocina es, con diferencia, el motor de esa nómina: 42,460 puestos, casi uno de cada cuatro empleos hoteleros. Le siguen restaurantes (28,991), bares (14,443) y mantenimiento (12,703), un área que agrupa oficios como electricidad, plomería y ebanistería y que confirma algo que suele pasar inadvertido: el turismo también contrata a quien trabaja con las manos, no solo a quien atiende mesas.
La cifra que mejor traduce esa cadena de valor es otra: 605,000 personas dependieron directamente de la actividad turística para sostenerse económicamente en julio, según las estimaciones del Mitur.
En su intervención junto al ministro Collado, la viceministra técnica de Turismo, Jacqueline Mora, resumió el fenómeno con una imagen que desmonta un lugar común: la gente suele pensar que el impacto turístico se concentra en Punta Cana, pero buena parte de esa riqueza se genera y se siente lejos de la costa.
Los testimonios de la cadena de valor más sencilla en el servicio
La mañana del pasado martes al Gran Salón del Hotel El Embajador de Santo Domingo no solo acudieron los propietarios y grandes gerentes hoteleros, banqueros vinculados a la industria y otros líderes empresariales del país. Allí estuvieron, además, los rostros responsables de los servicios más básicos y exclusivos de la cadena de valor del turismo dominicano establecidos fuera de los grandes hoteles: guías turísticos, taxistas, artesanos, fritureros, fruteros y otros que testimonian el cambio que a sus negocios y a sus familias está permitiendo el desarrollo turístico del país.
Ese peso económico tiene nombre y apellido en la Zona Colonial de Santo Domingo. Ángel Morfa, presidente del gremio Guías Coloniales de Santo Domingo, contó que antes podía pasar tres días esperando para armar un solo recorrido, mientras que hoy tiene más grupos de los que puede atender solo y debe apoyarse en colegas.
En Guayacanes, San Pedro de Macorís, la comerciante Yanira Eusebio describe un cambio parecido después de que el Mitur remozara su puesto de venta de bebidas en la playa y la capacitara para atender turistas: «es bueno levantarse y no pensar a dónde vamos, o pensar que va a llover y nos vamos a mojar», dijo, al valorar la estabilidad que le dio contar con un negocio formal.
Para dimensionar el tamaño de esa nómina, vale un comparativo: en el balance de enero-octubre de 2025, el Mitur había reportado un total de 815,000 empleos generados por la cadena turística en su sentido más amplio, cifra que ya proyectaba el peso del sector como generador de trabajo a escala nacional. Los 605,000 dependientes directos reportados solo hasta julio de 2026 —y los 183,000 empleos hoteleros que los sostienen— confirman que esa tendencia de crecimiento no se detuvo, sino que se consolidó con el propio ritmo récord de llegadas de este año.
La tierra que alimenta al turismo está lejos de la playa
Si el empleo es la cara más visible del impacto social del turismo, las compras a suplidores son su ramificación menos conocida. En julio, los hoteles y restaurantes turísticos adquirieron RD$11,590 millones en bienes y servicios a proveedores locales, un promedio de RD$374 millones diarios. Ese dinero no se queda en el litoral este del país que es donde se concentra la mayor parte de los resort que reciben los turistas cada año: el 92% del área cosechada que abastece las mesas hoteleras está fuera de la región Este, según destacó la propia viceministra Mora.
Es, en otras palabras, un efecto multiplicador que corre por todo el mapa: cada plato servido en un resort de Punta Cana o Bávaro, Puerto Plata o Samaná, tira de la producción agropecuaria de provincias del interior que no reciben directamente un solo turista, pero sí reciben el cheque de compra de un hotel. A esa cadena se suma la nómina hotelera propiamente dicha, que en julio ascendió a RD$4,770 millones, y el aporte fiscal del sector, que en el mismo mes sumó RD$8,729 millones en impuestos, el equivalente a RD$808 por cada dominicano.
El dólar que nadie pide prestado
El tercer aporte, el más silencioso de todos, se mide en el bolsillo de cualquiera que compre en dólares o dependa de un peso estable.
Solo en julio, la llegada de visitantes internacionales inyectó unos US$45.1 millones diarios a la economía dominicana —cerca de US$1.88 millones por hora—, que en el acumulado mensual rondan los US$1,400 millones.
Esa entrada sostenida de divisas ayuda a explicar un dato que rara vez se conecta con el turismo en la conversación pública: la apreciación del peso dominicano frente al dólar.
El 1 de enero de 2026 el tipo de cambio promediaba RD$62.90 por dólar; en julio, ese promedio había bajado a RD$58.60, una apreciación cercana al 7% en apenas siete meses.
«Cada dólar del turismo es un dólar que no hay que pedir prestado», subrayó Mora, al explicar por qué ese flujo de divisas —a diferencia de la deuda externa— no compromete al país a futuro y, en cambio, ayuda a contener la inflación importada y a abaratar relativamente las importaciones para el consumidor dominicano.
Un balance que no es solo de julio
Los cuatro indicadores (empleo, compras agropecuarias, nómina hotelera y divisas) no describen un mes aislado, sino la consolidación de una tendencia que ya se venía marcando desde 2025. Con 7.7 millones de visitantes acumulados hasta julio y la meta oficial de superar los 12 millones de turistas al cierre de 2026, el propio Mitur plantea estas cifras no como un logro estadístico, sino como evidencia de que el crecimiento del sector «impacta directamente en la gente, en toda su cadena de valor», en palabras del ministro Collado.
Lo que dejan estos cuadros, leídos en conjunto, es una economía que empieza en la recepción de un hotel pero termina en el conuco de un agricultor del Cibao en lo más metido de una parcela en los recovecos de Constanza, Tireo, Jarabacoa, Manabao, Ocoa, Rancho Arriba, por citar lugares de gran producción agropecuaria, llegando al bolsillo de quien paga en pesos apreciados y en la mesa de miles de familias que, como la de Yanira Eusebio en Guayacanes, hoy pueden planificar su día sin depender de la incertidumbre y su hija continuar sus estudios sin mayores sobresaltos.











