Santo Domingo, RD / Nueva York, EE.UU. – Hay ciudades que se entienden mejor a través de una pantalla, y esta semana, Nueva York es una de ellas. Bajo las marquesinas del histórico United Palace, en el corazón de Washington Heights (ese barrio que muchos dominicanos llaman con cariño «Quisqueya Heights»), el Dominican Film Festival in New York (DFFNYC) inauguró el pasado 5 de agosto su decimoquinta edición, un aniversario que sabe a celebración y a mirada retrospectiva a partes iguales.
Para quienes viajan a Nueva York buscando algo más que los circuitos turísticos habituales, el DFFNYC ofrece una experiencia distinta: siete días en los que la ciudad se convierte en sala de cine a cielo abierto para el talento dominicano, tanto el que se cultiva en la isla como el que florece en la diáspora.
Una gala inaugural con sabor a comedia
La fiesta de apertura tuvo nombre propio: «La fábrica de bodas», del director Francis «Indio» Disla y Estudios La Aldea, presentada en estreno mundial. La elección no fue casual —una comedia como puerta de entrada a un festival que en sus quince años ha aprendido que el cine dominicano se mueve con la misma soltura entre la risa y el drama, entre el thriller y el documental social.
El evento se celebra bajo el lema «Donde las historias crean emociones», una frase que funciona casi como declaración de principios para su fundador y director ejecutivo, Armando Guareño, quien lleva más de una década al frente de esta plataforma que hoy es, según sus propias palabras, un puente cultural entre República Dominicana, su diáspora y la industria del cine internacional.
Una cartelera de aniversario: más de 70 películas en competencia
Este año, el número habla por sí solo: más de 70 películas conforman la programación, 67 de ellas en competencia oficial, repartidas en varias categorías que reflejan la diversidad —geográfica y generacional— del cine dominicano contemporáneo.
En largometrajes de ficción compiten: La herencia de los Ramírez (Brahyam Jade Humphreys), Qué más puedes hacerme y La batalla de los Ángeles (ambas de Félix Germán), Acorde final (Pachy Banks-Cabral), Entiérrenlo Parao (Ronni Castillo), Sublime Gracia (Fel di Garbo) y Melodrama (Andrés Farías).
En documentales: Aquella primavera (Mayra Poueriet), Boru (Ronny A. Sosa), Kacimiro (Boynayel Mota), Más allá del humo (Mariel Aponte), Soldados de la Democracia (Alberto Zayas) y Mujeres Extraordinarias: Así en la guerra, como en la paz (Yildalina Tatem Brache).
A esto se suman largas listas de cortometrajes nacionales y, como gran novedad de esta edición de aniversario, la nueva Competencia Oficial de Cortos Universitarios, que reúne obras de estudiantes de cine de universidades como UNAPEC, INTEC, Chavón, PUCMM y UASD —una apuesta deliberada por asegurar el relevo generacional del cine dominicano.
La diáspora, protagonista con voz propia
Uno de los sellos distintivos del festival es su Competencia de la Diáspora, que da espacio a realizadores dominicanos que construyen su carrera fuera del país, sin perder el hilo con sus raíces. Ahí conviven títulos como El Bodeguero (Boccaccio Guzmán), One Guy, Too Many Dates (Yissendy Trinidad), La Fundación: Baseball’s Island (Isaac Weinberg) o Can’t Let It Go (Roy Szuper), junto a una nutrida selección de cortometrajes que exploran temas como la migración, la identidad y el desarraigo —Migra, Visa, Americano y Dreamer entre ellos— y que funcionan casi como un mapa emocional de lo que significa ser dominicano en Nueva York, Nueva Jersey o cualquier otra esquina de la diáspora.
Dónde vivir la experiencia
Para el visitante o el neoyorquino que quiera sumarse, las proyecciones se concentran en dos sedes bien distintas en carácter y geografía: el AMC 34th Street 14, en pleno Midtown Manhattan, y el Alianza Dominicana Cultural Center, en Washington Heights, que además funciona como epicentro de una serie de talleres gratuitos y abiertos al público, pensados para acercar el oficio del cine a nuevas generaciones de creadores.
Esta doble sede no es un detalle menor para quien piensa el festival como experiencia de ciudad: moverse entre el bullicio comercial de Midtown y el ritmo caribeño de Washington Heights es, en sí mismo, un recorrido por dos Nueva Yorks que conviven y se entrelazan gracias al cine.
Coproducciones caribeñas y una mirada al futuro
Esta edición 2026 destaca además el crecimiento de las coproducciones entre República Dominicana y Puerto Rico, un dato que no sorprende a quienes siguen de cerca el pulso del audiovisual caribeño: cada vez más, las historias que se cuentan desde la isla buscan aliados regionales para llegar más lejos, y el festival ha decidido darle nombre y espacio propio a ese fenómeno.
El cierre: un melodrama que ya llena salas en Santo Domingo

La 15.ª edición del DFFNYC bajará el telón el martes 11 de agosto con la proyección de «Melodrama», de Andrés Farías, un drama romántico y social de tono interracial que le da a la actriz Mercedes Morales su primer papel protagónico y que, según reportan medios dominicanos, ya agota funciones en la capital dominicana. Un cierre con gancho comercial y emocional, coherente con un festival que en quince años ha aprendido a equilibrar el prestigio de la competencia oficial con historias que el público quiere ver.
Si vas
- Fechas: 5 al 11 de agosto de 2026
- Sede de apertura: United Palace, 4140 Broadway (esquina 175th Street), Washington Heights
- Proyecciones: AMC 34th Street 14 (312 West 34th Street, Midtown Manhattan) y Alianza Dominicana Cultural Center (530 West 166th Street)
- Talleres gratuitos: en la sede de Alianza Dominicana Cultural Center
- Boletos e información: a través de las redes sociales oficiales @dffnycofficial
Quince años después de su primera función, el Dominican Film Festival in New York ya no es solo una cita para cinéfilos: es, cada agosto, una razón más para caminar Nueva York con otros ojos —los del cine dominicano, que sigue encontrando en esta ciudad su segunda casa.











