Santo Domingo, RD / Pensilvania, EEUU. – Durante años, la pregunta que se hacían gobiernos y empresas turísticas tras una crisis era simple: ¿se va a recuperar el destino? Un nuevo estudio de Tourism Economics, la división de turismo de Oxford Economics, y TOURISE, la plataforma global impulsada por el Ministerio de Turismo de Arabia Saudita, sostiene que esa pregunta ya quedó obsoleta pasando a enfocar el tema “de la posibilidad de la recuperación a la velocidad de la misma.
A grandes rasgos es la mayor conclusión a que llega el informe de consultoría «Resilience in a World that Doesn’t Reset» («Resiliencia en un mundo que no se reinicia») realizado por Tourism Economics, una empresa de Oxford Economics, y que Vive Dominicana analiza bajo la perspectiva de que la resiliencia del sector turístico depende de transformar la preparación en una ventaja estratégica a largo plazo.
El informe también presentado por Tourise como un libro blanco bajo el título «Resiliencia en un mundo que no se reinicia: rediseñando el turismo para una era de disrupción permanente», concluye que el turismo internacional siempre se recupera una vez que se levantan las restricciones a la movilidad o la conectividad provocando la pregunta que marca el momento: cuánto tiempo tarda esa recuperación, y qué la hace más rápida o más lenta.
Los tiempos de recuperación se redujeron a la mitad, pero ya no siguen bajando al mismo ritmo

El dato central: el período promedio que tarda un destino en recuperar sus niveles de turismo tras una crisis mayor cayó de 24 meses a comienzos de la década de 2000 a apenas 10-12 meses en la actualidad, una reducción de más de la mitad en dos décadas.
Ese avance, según el informe, no se explica porque las crisis se hayan vuelto menos frecuentes o menos severas, el período de impacto directo de una crisis se ha mantenido relativamente estable en unos cinco meses durante los últimos 20 años, sino porque la capacidad de respuesta de los destinos mejoró de forma sostenida: mejor coordinación entre gobiernos y aerolíneas, comunicación de crisis más eficaz y restauración más ágil de la conectividad aérea.
Sin embargo, el informe señala una advertencia importante: esa tendencia a la baja en los tiempos de recuperación se ha estancado en los últimos cinco años, manteniéndose en un promedio de 12 meses pese a que las crisis se han vuelto más complejas y más interconectadas entre países. La razón, según Tourism Economics, es que las disrupciones más recientes, la pandemia de COVID-19, la guerra entre Israel y Hamás, ya no son eventos aislados en un solo país, sino crisis sistémicas que afectan simultáneamente la movilidad, la confianza del consumidor, las cadenas de suministro y el crecimiento económico global a la vez.
Además de la conclusión de que el turismo siempre termina por recuperarse, el informe añade tres matices que explican por qué esa velocidad no es uniforme:
La calidad de la respuesta de un destino determina en gran medida qué tan rápido se recupera: los destinos que restauran capacidad rápidamente, comunican con eficacia y demuestran condiciones de seguridad se recuperan, en promedio, 1.5 veces más rápido que el resto.
De sus hallazgos se deduce que la geografía del impacto importa tanto como su naturaleza: las crisis confinadas a un solo destino se resuelven más rápido que las regionales o multinacionales, porque los viajeros distinguen con más facilidad entre zonas afectadas y no afectadas.
Las crisis sistémicas que afectan a múltiples países simultáneamente, como la pandemia de COVID-19 de la que bien se sabe en el Caribe, y en especial en República Dominicana, siguen siendo la prueba más exigente para la resiliencia del sector, y son las que más han contribuido a que la mejora en los tiempos de recuperación se haya estancado en los últimos cinco años.
El estudio distingue además entre tipos de crisis según su duración típica: las crisis sanitarias han producido históricamente las disrupciones más largas y severas (la pandemia de COVID-19 tuvo períodos de recuperación de entre 29 y 67 meses según la región, y el brote de Ébola en África Occidental en 2013 generó disrupciones de más de dos años en varios casos); las crisis ambientales, terremotos, huracanes, tienden a recuperarse más rápido, con una duración media de disrupción de apenas seis meses en 30 casos de estudio; y las crisis geopolíticas han visto acortarse sus tiempos de recuperación de forma más pronunciada que otros tipos de eventos, a medida que los viajeros se acostumbran a la disrupción periódica y los destinos mejoran su capacidad de restaurar la confianza.
La crisis en Medio Oriente como caso de estudio en tiempo real
El informe utiliza el conflicto en curso en Medio Oriente como lente para poner a prueba sus hallazgos. Según datos citados en el reporte, aproximadamente el 14% del tráfico de tránsito aéreo mundial pasa por los aeropuertos hub del Golfo, y alrededor de una quinta parte de los viajes entre Europa y Asia conecta normalmente a través de la región, lo que explica por qué una inestabilidad localizada puede generar consecuencias que se extienden mucho más allá de la geografía del conflicto.
Enn el informe analizado Tourism Economics construyó tres escenarios de recuperación:
Escenario 1 (el alto el fuego se mantiene): asume que el acuerdo alcanzado a mediados de junio de 2026 se sostiene, permitiendo una normalización gradual. Bajo este escenario, los viajes internacionales globales crecerían 6% en 2026 (frente al 8% esperado antes del conflicto), mientras que las llegadas a Medio Oriente caerían 32% en 2026 antes de repuntar 51% en 2027.
Escenario 2 (reanudación de hostilidades): contempla una ruptura del alto el fuego durante la segunda mitad de 2026. El turismo global caería 1% en 2026 antes de repuntar 6% en 2027, con una caída de hasta 59% en las llegadas a Medio Oriente durante 2026.
Escenario 3 (disrupción sostenida): el escenario más severo, que asume un conflicto no resuelto más allá de 2026. Los viajes globales caerían 3% en 2026, con un desplome de 64% en las llegadas a la región de Medio Oriente.
En los tres escenarios, el informe identifica cuatro canales interconectados a través de los cuales la crisis afecta la actividad turística global: la confianza del viajero, la conectividad aérea, el aumento de costos (con el petróleo llegando a superar los US$100-150 por barril según el escenario) y la asequibilidad general de los viajes, afectada por una inflación global que podría acercarse al 8% en el escenario más severo.
La desinformación, un riesgo tan real como la disrupción física
Uno de los hallazgos más novedosos del informe es la advertencia sobre el papel de la desinformación digital como fuente de disrupción turística. El caso citado ocurrió en Japón en 2025: rumores virales en redes sociales sobre un «megaterremoto» inminente, sin ninguna base científica según las autoridades, provocaron caídas de reservas de hasta 50% desde algunos mercados del este asiático, según reportaron agencias de viajes de Hong Kong.
Pese al episodio, Japón terminó recibiendo un número récord de visitantes internacionales durante los primeros siete meses de 2025, gracias a una campaña coordinada de comunicación entre la Agencia Meteorológica de Japón, las autoridades turísticas y operadores del sector para contrarrestar la desinformación.
El informe también documenta el caso de un ataque terrorista en Nueva Orleans en 2025, tras el cual las autoridades locales combinaron un despliegue reforzado de seguridad con una restauración rápida de eventos turísticos clave, incluyendo el Super Bowl LIX, que generó un impacto económico estimado en más de US$500 millones, logrando sostener la actividad turística sin disrupciones prolongadas.
La diversificación de mercados como amortiguador estructural
El estudio documenta un cambio de largo plazo en la composición de la demanda turística mundial: la participación combinada de los diez mercados emisores más grandes del planeta cayó de 54% en 2001 a 45% en 2025, mientras que el número de mercados que en conjunto representan la mitad de los viajes internacionales aumentó de ocho a catorce en el mismo período.
Para Tourism Economics, esta diversificación creciente actúa como un «amortiguador de resiliencia» frente a choques geopolíticos, económicos o reputacionales concentrados en un solo mercado. República Dominicana, por ejemplo, vio caer las llegadas de turistas de Rusia y Ucrania y desplegó estratégicas promociones para conquistar el turismo de Sudamérica aunque de manera reactiva.
Sin embargo, el informe advierte que esa diversificación sigue siendo muy desigual: en 2025, 41 destinos todavía dependían de un único mercado emisor para más del 50% de sus llegadas, y en algunos casos esa dependencia superaba el 80%, como en Bahamas y México (86% cada uno).
El caso de Estados Unidos ilustra el riesgo: la fuerte dependencia de la demanda canadiense y mexicana contribuyó a un desempeño más débil en 2025, con la participación canadiense en las llegadas a EE.UU. cayendo de 31% en 2023 a 23% en 2025 en medio de tensiones políticas y disputas arancelarias.
Por el contrario, el informe destaca el caso de Chipre, que antes de 2022 dependía de Rusia para más del 27% de sus llegadas. Tras la invasión a Ucrania y las sanciones subsiguientes, el país reorientó rápidamente su promoción hacia mercados alternativos: la participación rusa cayó a apenas 1% en 2025, mientras que la de Polonia subió de 2% a 9% en el mismo período, ayudando a Chipre a alcanzar volúmenes récord de visitantes en 2024.
Los cuatro pilares de una recuperación exitosa
Más allá de las cifras globales, el informe identifica cuatro factores que consistentemente distinguen a los destinos con mejor desempeño en recuperación: la continuidad de la capacidad y el suministro turístico (aeropuertos, hoteles, transporte); el grado de diversificación de sus mercados de origen; la velocidad y efectividad de su respuesta y comunicación; y su nivel de inversión y planificación a largo plazo.
Como ejemplos positivos, el reporte cita a Islandia, que mantuvo operativo su aeropuerto internacional de Keflavík durante una serie de erupciones volcánicas entre 2023 y 2025, y a Singapur, que coordinó su recuperación pos-pandemia a través de un grupo de trabajo especial (Tourism Recovery Action Task Force) que integró al gobierno, la industria y protocolos sanitarios, alcanzando en 2025 ingresos turísticos récord de S$32,800 millones. Aunque no lo refiere el estudio, cabe recordar que República Dominicana acumula una experiencia reconocida internacionalmente por ser uno de los destinos turísticos en recuperarse primero de la crisis de la pandemia del Covid 19
Como contraste, el informe señala el caso de Haití, donde el terremoto de 2010 —que causó pérdidas económicas equivalentes al 120% del PIB del país— generó una de las recuperaciones turísticas más largas del estudio: las llegadas de visitantes no regresaron a niveles pre-terremoto sino hasta 2013, un retraso que el informe atribuye a la debilidad estructural de la infraestructura y la gobernanza del país.
Tres actores llamados a rediseñar la resiliencia del sector
El informe cierra proponiendo un marco de tres grupos de actores que, según sus autores, deberán coordinarse para construir la próxima era de resiliencia turística: los «incumbentes» (aerolíneas, cadenas hoteleras, operadores de cruceros, aeropuertos y autoridades de destino), responsables de mantener la continuidad operativa; los «disruptores» (empresas tecnológicas, desarrolladores de inteligencia artificial, plataformas de movilidad y proveedores de ciberseguridad), que están transformando la forma en que el sector anticipa y gestiona el riesgo; y los «guardianes» (formuladores de políticas, organismos multilaterales e investigadores), encargados de sostener la confianza pública y la legitimidad de largo plazo del turismo.
El mensaje final del informe es claro: en un mundo donde las crisis ya no dan tregua entre una y otra, la resiliencia deja de ser una función de gestión de riesgo reactiva para convertirse en una ventaja competitiva estratégica. Los destinos y empresas que inviertan en preparación antes de que ocurra la disrupción —y no solo en la capacidad de recuperarse después— serán, según el estudio, los mejor posicionados para liderar la próxima década del turismo mundial.
Para República Dominicana los principales riesgos son evidentes, aunque las estrategias para alcanzar la resiliencia no. Alta dependencia del mercado norteamericano, estar en la ruta de los huracanes, posibles acciones desleales de competidores, por ejemplo, son escenarios que no pueden esperar una gestión de riesgo reactiva sino tener los planes de contingencias que aseguren al país una ventaja competitiva porque Tourism Economics demostró que la «resiliencia del sector turístico depende de transformar la preparación en una ventaja estratégica a largo plazo.











