Santa Cruz de Tenerife, España. – La industria turística de las Islas Canarias, motor económico regional clave, enfrenta un cambio de ciclo que obliga a sus autoridades a planificar alternativas ante la posible desaceleración de la demanda internacional, especialmente desde sus dos principales mercados emisores: Reino Unido y Alemania.
La consejera de Turismo del Gobierno de Canarias, Jéssica de León, advirtió esta semana ante el Parlamento regional que “no hay que llevarse a engaño” y que existe una incertidumbre creciente en el horizonte económico que podría traducirse en menores flujos turísticos desde esos países. Esta situación responde, según explicó, a “problemas económicos en el Reino Unido y Alemania” sumados a factores externos globales como el encarecimiento de los costes de transporte aéreo y presiones regulatorias ambientales y fiscales.
Riesgos de dependencia de mercados tradicionales
Canarias ha disfrutado de años de récord en llegadas y gasto de turistas, con una facturación de 23.000 millones de euros en 2025, un 680 millones más que en 2024 y cifras muy superiores a las de la prepandemia. Sin embargo, la concentración histórica de turistas procedentes de Reino Unido y Alemania —que juntos representan una proporción significativa de visitantes extranjeros— expone al archipiélago a las fluctuaciones económicas de esos países.
El Reino Unido ha sido tradicionalmente el mayor emisor hacia Canarias y otras regiones españolas, con altos niveles de gasto medio diario de sus visitantes, mientras que Alemania ha sido un mercado de gran volumen. La desaceleración o cambios en la capacidad de gasto y tendencia a viajar de estos perfiles turísticos impactarían de inmediato en la ocupación hotelera, los ingresos vinculados a servicios y actividades y, por ende, en el conjunto de la economía regional, donde el turismo representa alrededor del 35 % del PIB y casi el 40 % del empleo.
Diversificación como estrategia anticipada
Ante este escenario, las autoridades regionales de turismo han puesto sobre la mesa una estrategia de diversificación de mercados, tanto dentro de Europa —con énfasis en países del este— como explorando mercados emergentes fuera del continente, especialmente Estados Unidos y Canadá. Esta ampliación busca equilibrar la dependencia histórica y atraer turistas con mayor capacidad de gasto o menos expuestos a la volatilidad económica propia del contexto europeo.
Fuera de Canarias, otros destinos del Mediterráneo observan tendencias similares. Por ejemplo, en Mallorca y las Islas Baleares, se ha reportado una caída en las reservas de turistas alemanes, reflejo de una mayor cautela del mercado germano ante incertidumbres económicas y presiones de precios, lo que está provocando ajustes tanto en capacidad aérea como en estrategias promocionales.
Impactos potenciales en otros destinos turísticos europeos
Si la desaceleración en economías clave como la británica y alemana se profundiza, otros destinos europeos podrían verse también afectados:
Islas Baleares y el Mediterráneo español: regiones como Mallorca dependen en gran medida del mercado alemán y británico; una caída significativa en sus viajes podría reducir ocupación y facturación, incentivando campañas para atraer viajeros de corto radio o segmentos de alto valor.
Ciudades culturales europeas como París, Roma o Barcelona podrían registrar una ralentización en la llegada de turistas internacionales si se mantienen los ajustes en rutas aéreas y la cautela del consumidor ante costos elevados y expectativas de inflación.
Destinos emergentes fuera de Europa, como el Caribe o América del Norte, pueden incrementar su cuota de turistas europeos si estos optan por viajes más largos o experiencias diferentes, aunque esto también depende de la evolución del coste del transporte y de las políticas de visado.
Un turismo más resiliente y estratégico
Las autoridades canarias han subrayado que, aunque el contexto global es desafiante, el turismo sigue siendo un pilar sólido de la economía isleña, y la reciente presencia en ferias como FITUR ha reforzado su compromiso con una oferta más sostenible, diversificada y de mayor valor añadido. La preparación para escenarios de desaceleración, combinada con la apertura hacia nuevos mercados, se presenta como una respuesta proactiva para mantener la competitividad del archipiélago en un entorno turístico global en transición.











