Hay lugares de Santo Domingo que forman parte de la memoria colectiva aun cuando el paso del tiempo haya transformado sus paisajes. Güibia y Boca Chica son dos de ellos, y ahora regresan a la escena cultural de la ciudad a través de una particular mirada artística.
La galería Lyle O. Reitzel Arte Contemporáneo, en la Torre Piantini, presenta De Güibia a Boca Chica. Imágenes recuperadas, una exposición del artista español Santiago Ydáñez que propone un viaje visual al Santo Domingo de los años 40 a partir de fotografías históricas realizadas por el médico austriaco Kurt Schnitzer, conocido como “Conrado”.
Más que reproducir aquellas imágenes, Ydáñez las lleva al territorio de la pintura y las convierte en una nueva realidad. Las escenas de las playas, los cuerpos, los espacios de ocio y la vida social de aquella época reaparecen en grandes formatos, con una pincelada precisa y el característico azul celeste que distingue la obra del artista.
El resultado es un encuentro poco habitual entre la pintura contemporánea española y la memoria histórica dominicana. Las fotografías originales, concebidas como documentos de una sociedad y de un momento determinado, adquieren en los lienzos de Ydáñez una dimensión lúdica, sensorial y casi onírica.
Un viaje al Santo Domingo de los años 40

El punto de partida de la exposición es el archivo fotográfico de Kurt Schnitzer “Conrado”, quien durante la década de 1940 registró escenas de la vida cotidiana dominicana, incluyendo la interacción social y la presencia de la población negra en espacios emblemáticos como Güibia y Boca Chica.
Décadas después, esas fotografías se convierten en materia prima para que Ydáñez explore la relación entre archivo, memoria, imaginación y pintura. El artista andaluz no pretende reconstruir literalmente aquel pasado, sino hacerlo volver a la vida mediante una interpretación personal.
En sus obras, los grandes formatos potencian la sensación de inmersión. Las imágenes históricas parecen expandirse más allá del registro fotográfico y convertirse en escenas capaces de transportar al espectador a otro tiempo.
El ensayista, urbanista y sociólogo Miguel D. Mena, autor del texto curatorial de la muestra, describe esta capacidad de las pinturas de Ydáñez como una particular forma de atracción: imágenes que pueden “halarnos como un imán” y llevarnos a diferentes esferas de percepción.
Uno de los elementos más llamativos es precisamente el uso del azul celeste, que transforma las escenas caribeñas y les otorga una atmósfera nueva. Los grandes bogavantes, las playas y las figuras humanas dejan de ser únicamente testimonios de una época para convertirse en protagonistas de una experiencia visual cargada de imaginación.
Cuando una fotografía vuelve a vivir sobre el lienzo
La propuesta de Ydáñez invita también a reflexionar sobre la manera en que recordamos una ciudad.
Una fotografía conserva un instante; la pintura puede reinterpretarlo. En De Güibia a Boca Chica. Imágenes recuperadas, aquello que quedó detenido en un negativo fotográfico vuelve a fluir sobre el lienzo. El pasado deja de ser únicamente documento y se transforma en una experiencia contemporánea.
Es, en ese sentido, una exposición especialmente atractiva para quienes quieran descubrir otra manera de mirar la historia visual de Santo Domingo. Para los dominicanos, puede representar un encuentro con espacios reconocibles desde una perspectiva inesperada; para quienes visitan la ciudad, una oportunidad de aproximarse a una parte de su memoria cultural a través del arte.
La exposición estará abierta al público en Lyle O. Reitzel Arte Contemporáneo, Torre Piantini, Santo Domingo, con la presencia del artista. La apertura está anunciada para las 7:00 de la noche.
Una invitación para detenerse frente al lienzo y descubrir cómo Güibia y Boca Chica, vistos desde fotografías de hace más de ocho décadas, pueden regresar al presente transformados por el color, la imaginación y la pintura.








