Santo Domingo, RD. – República Dominicana y Venezuela acordaron iniciar un proceso gradual para restablecer sus relaciones diplomáticas y consulares, una decisión que marca un cambio significativo en el escenario político regional y abre la posibilidad de recuperar los vínculos económicos, comerciales y humanos interrumpidos desde 2024.
El comunicado conjunto de los gobiernos dominicanos y venezolano establece una hoja de ruta que comenzará con el restablecimiento de los servicios consulares para los ciudadanos de ambos países y continuará, en una segunda etapa, con la normalización de las relaciones diplomáticas mediante un cronograma acordado por ambas cancillerías. El proceso estará sustentado en el diálogo, el respeto mutuo y los principios del derecho internacional.
La decisión representa el primer paso formal para superar la crisis diplomática originada tras las elecciones presidenciales venezolanas de julio de 2024. En aquel momento, el Gobierno dominicano, junto con otros países de la región, expresó dudas sobre la transparencia del proceso electoral y solicitó la publicación de las actas de votación. La respuesta del gobierno de Nicolás Maduro fue retirar a su personal diplomático de República Dominicana y ordenar la salida de los representantes dominicanos acreditados en Caracas, dejando suspendidas las relaciones diplomáticas y consulares.
Aunque el intercambio comercial nunca desapareció completamente, la ruptura afectó de manera importante la relación entre ambos países. Miles de venezolanos residentes en República Dominicana quedaron sin acceso regular a servicios consulares para renovar pasaportes, registrar nacimientos o realizar trámites migratorios. De igual manera, ciudadanos dominicanos con vínculos familiares, comerciales o académicos en Venezuela enfrentaron mayores dificultades para gestionar documentos y viajar.
En el ámbito económico, la ausencia de relaciones diplomáticas limitó la promoción del comercio bilateral y redujo los mecanismos institucionales de cooperación. Históricamente, Venezuela fue un importante proveedor regional de combustibles y derivados del petróleo, mientras que República Dominicana exportaba alimentos procesados, productos farmacéuticos, materiales de construcción, manufacturas ligeras y bienes de consumo. También existían oportunidades de inversión en turismo, aviación, logística y servicios que quedaron prácticamente congeladas durante el distanciamiento político.
Otro de los sectores impactados fue el transporte aéreo. Las restricciones derivadas del conflicto diplomático redujeron significativamente la conectividad entre ambos países, afectando tanto los viajes de negocios como el turismo y la reunificación familiar de miles de ciudadanos.
Desde una perspectiva geopolítica, el restablecimiento gradual de las relaciones refleja una tendencia observada en América Latina durante los últimos años: varios gobiernos han optado por mantener diferencias políticas con Caracas sin renunciar completamente a los canales diplomáticos y consulares. La experiencia regional ha demostrado que la ausencia de relaciones oficiales dificulta la protección de los ciudadanos, limita la cooperación en materia migratoria y reduce la capacidad de diálogo frente a asuntos de interés común.
Para República Dominicana, la decisión también responde a una realidad práctica. El país alberga una importante comunidad venezolana y mantiene un creciente papel como centro logístico, financiero y turístico del Caribe. La reapertura de los servicios consulares facilitaría la atención de esa población, reduciría cargas administrativas para ambos gobiernos y podría estimular nuevamente los intercambios comerciales y empresariales.
No obstante, la normalización diplomática no implica necesariamente un cambio en las posiciones políticas de ambos gobiernos sobre los acontecimientos internos de Venezuela. El proceso anunciado se concentra, en esta primera fase, en restablecer mecanismos institucionales que permitan atender las necesidades de los ciudadanos y reconstruir gradualmente la cooperación bilateral.
La evolución de esta hoja de ruta será observada con atención por otros países del continente, ya que constituye una nueva señal de que la diplomacia latinoamericana busca privilegiar el diálogo y la gestión de intereses comunes sin que ello suponga, necesariamente, la desaparición de las diferencias políticas que aún persisten en la región.











