Punta Cana, LA, RD. – En medio de los récords de llegada de visitantes y del crecimiento de la industria turística dominicana, hay una transformación que no siempre aparece en las estadísticas de habitaciones hoteleras, vuelos o ingresos de divisas: la recuperación de espacios públicos que durante años permanecieron deteriorados, abandonados o desconectados de la vida de las comunidades.
Ese es precisamente el componente de su gestión que el ministro de Turismo, David Collado, identifica como uno de los principales legados que aspira a dejar al frente de la institución.
Durante la XXXVIII Exposición Comercial de Asonahores, celebrada en Punta Cana, Collado estimó en unos RD$3,500 millones la inversión realizada durante sus seis años de gestión en la recuperación de malecones, playas, parques y otros espacios públicos.
“Las recuperaciones de los espacios públicos son parte del legado que queremos dejar”, afirmó el ministro, al definir esa política como una visión urbanística dirigida a recuperar espacios públicos y devolverlos a la población.
La dimensión de esa apuesta se aprecia mejor al recorrer la geografía de las intervenciones mencionadas por el funcionario. La lista incluye los malecones de Santo Domingo Este, San Pedro de Macorís, La Romana, Samaná, Cabrera y Haina, además de proyectos en otros litorales y zonas de recreación del país.
El caso de Santo Domingo Este resume buena parte de esa estrategia. El proyecto, desarrollado en dos etapas, alcanza unos 4.1 kilómetros frente al mar y representó una inversión de aproximadamente RD$685 millones, incorporando áreas de recreación, bulevares internos, estacionamientos, iluminación y otras facilidades. El propio Collado ha explicado que forma parte de una estrategia nacional que comenzó con la recuperación de espacios costeros y se extendió posteriormente a otros destinos.
Pero el mapa de las intervenciones es mucho más amplio.

En materia de playas y espacios costeros, Collado ha citado trabajos en Sosúa, Guayacanes I y II, Macao, Playa Esmeralda, Las Galeras, Los Patos, Los Quemaitos, Haina y Nizao, además del estacionamiento de Bayahíbe y el área del Parque Nacional La Caleta.
A esta relación se suman, según el detalle ofrecido en torno a las declaraciones del ministro en Expo Asonahores 2026, las intervenciones en Playa Gringo, en Haina; Playa Nizao, en Peravia; el Boulevard La Caleta; Guayacanes; Macao, desarrollado en varias etapas; y Playa Esmeralda, en Miches.
La documentación del Comité Ejecutor de Infraestructuras de Zonas Turísticas (CEIZTUR) permite apreciar que detrás de esos nombres hay una infraestructura mucho más diversa de lo que podría sugerir la expresión “recuperación de playas”. Los proyectos incluyen plazas de vendedores, vías de acceso, estacionamientos, balnearios y mejoramiento de malecones.
En 2023, por ejemplo, CEIZTUR registraba entre sus proyectos concluidos la reconstrucción de la plaza de vendedores de Los Patos y de Playa El Quemaito, la reconstrucción de las plazas de vendedores de Guayacanes, la vía de acceso y estacionamiento de Playa Macao, el mejoramiento del Malecón de Cabrera y la construcción del destacamento, estacionamiento y acceso peatonal de Playa Esmeralda, entre otras obras.
La política también se extiende hacia destinos menos asociados tradicionalmente con el turismo de sol y playa. Una relación de intervenciones de Turismo incluye proyectos en Barahona, Bahoruco, Peravia, San Cristóbal, Montecristi, Puerto Plata, Samaná, María Trinidad Sánchez, San Pedro de Macorís, La Altagracia, Miches y Azua, ampliando el alcance territorial de esta estrategia de infraestructura turística pública.
Más que una obra turística

El valor de estas inversiones está precisamente en que muchas de ellas cumplen una doble función.
Por un lado, mejoran la experiencia de los visitantes y elevan la calidad urbana de destinos que forman parte de la oferta turística dominicana. Por otro, crean espacios gratuitos de recreación para las propias comunidades.
Ese segundo componente fue enfatizado por Collado en Asonahores. El ministro sostuvo que la recuperación de un malecón, aun cuando no se trate de una obra multimillonaria, permite devolver a las comunidades un espacio de recreación y encuentro familiar sin que tengan que pagar por utilizarlo.
En ese sentido, la infraestructura turística pública adquiere una dimensión que va más allá del visitante extranjero.
Un malecón recuperado se convierte en paseo ciudadano; una playa con acceso y estacionamiento adecuados puede volver a integrarse a la economía local; una plaza de vendedores organizada puede mejorar las condiciones de quienes viven de la actividad turística; y un parque costero puede convertirse simultáneamente en atractivo para el visitante y lugar de encuentro para la población.
Es una concepción de la infraestructura turística que busca poner en valor el destino sin desprenderlo de la comunidad que lo habita.
El nuevo mapa de los malecones
La recuperación de los malecones constituye quizás el símbolo más visible de esta política.
La estrategia ha alcanzado Santo Domingo Este, San Pedro de Macorís, La Romana, Samaná, Cabrera y Haina, mientras que Pedernales también ha formado parte de los planes de recuperación costera anunciados por el Ministerio de Turismo.
En Santo Domingo Este, la intervención adquirió una escala particularmente significativa. La obra fue concebida para transformar el litoral en un espacio de uso ciudadano, con áreas de recreación, estacionamientos, caminos internos tipo bulevar y servicios complementarios.
En La Caleta, mientras tanto, la recuperación del espacio costero se conecta con uno de los principales puntos de entrada aérea al país. El Boulevard La Caleta, próximo al aeropuerto de Santo Domingo, forma parte de las obras señaladas por Collado como parte de esta política de transformación del entorno turístico.
El mensaje que se desprende del conjunto es claro: el turismo no se construye únicamente dentro de hoteles y aeropuertos; también se construye en las calles, parques, playas y malecones que conforman la primera experiencia del visitante y la vida cotidiana de las comunidades.
De recuperar espacios a ordenar destinos
El propio Collado plantea ahora un desafío que va más allá de la construcción física.
Durante su participación en Asonahores, señaló que el próximo gran reto es avanzar hacia el ordenamiento de los destinos turísticos, con reglas claras sobre dónde se puede construir, cómo debe organizarse el transporte turístico, cómo certificar a los operadores locales y cómo garantizar los accesos a las playas.
La afirmación coloca las obras públicas dentro de una agenda más amplia: no basta con recuperar un espacio si posteriormente vuelve a deteriorarse o si el crecimiento urbano termina desbordando su capacidad.
La sostenibilidad del turismo dominicano dependerá, en buena medida, de que la inversión en infraestructura esté acompañada de planificación, mantenimiento, ordenamiento territorial y una distribución más amplia de los beneficios económicos.
Collado lo resumió al señalar que la riqueza generada por el turismo debe “permear las comunidades” e impactarlas positivamente.
Así, los aproximadamente RD$3,500 millones que el ministro atribuye a la recuperación de espacios públicos pueden leerse como algo más que una cifra de inversión.
Representan una apuesta por cambiar la imagen urbana de los destinos, recuperar el vínculo de las comunidades con sus costas y convertir espacios deteriorados en activos para el turismo y para la ciudadanía.
Y quizá ahí reside la mayor trascendencia de este componente de la gestión de Turismo: que el desarrollo turístico no termine solamente en más habitaciones ocupadas y más visitantes, sino también en mejores lugares para vivir, caminar, recrearse y recibir a quienes llegan al país.








