La isla que se mueve: cuando la memoria de La Española tiembla. El conversatorio del Centro Cultural Taíno, Casa del Cordón

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Santo Domingo, D. N. — Antes de ser república, antes incluso de ser colonia, La Española ya temblaba. La isla nació de la fricción entre dos placas tectónicas, la de Norteamérica y la del Caribe, y esa tensión geológica —silenciosa la mayor parte del tiempo, brutal cuando se manifiesta— ha acompañado cada capítulo de su historia.

Fue precisamente esa relación entre tierra, tiempo y memoria la que reunió a especialistas y público en el Centro Cultural Taíno Casa del Cordón, sede que por su propio nombre evoca la primera arquitectura de piedra levantada por los europeos en el Nuevo Mundo, para el conversatorio «La isla que se mueve: terremotos históricos en La Española», justo en estos tiempos en que grandes terremotos se suceden en varios países latinoamericanos.

El encuentro, más que una charla técnica sobre sismología, funcionó como un ejercicio de arqueología histórica: reconstruir, a partir de crónicas, registros institucionales y estudios geológicos, el mapa invisible de un territorio que ha sido sacudido una y otra vez a lo largo de cinco siglos.

Un territorio nacido de la falla

Los geólogos coinciden en que la posición de La Española sobre el límite entre dos placas tectónicas no es un dato anecdótico, sino la clave para entender buena parte de su historia urbana y social. El ingeniero geólogo Osiris de León, especialista en sismicidad y prevención de desastres, junto al abogado, historiador y genealogista Joan Ferrer, guiaron el recorrido bajo la moderación de José Enrique Delmonte, asesor cultural del centro. Entre los tres reconstruyeron un relato donde la ciencia de las fallas se entrelaza con las crónicas coloniales, los archivos parroquiales y la tradición oral.

La isla, se explicó, cuenta con al menos catorce fallas sísmicamente activas, entre ellas la Septentrional —que atraviesa el norte del país— y la Enriquillo-Plantain Garden, que corre por el sur y que en Haití, en enero de 2010, protagonizó una de las tragedias sísmicas más devastadoras de la historia reciente del Caribe. Esa misma estructura geológica, recordaron los panelistas, ya había generado uno de los terremotos más citados por los cronistas coloniales: el de 1770.

Un recorrido por la memoria sísmica de la isla

El conversatorio trazó una línea de tiempo que atraviesa la historia dominicana casi como un contrapunto silencioso de sus grandes hitos políticos y culturales:

1751, cuando el sur de la isla sintió con fuerza el movimiento de la tierra, en pleno periodo colonial español.

1770, asociado a la falla Enriquillo, un episodio que la tradición histórica vincula a transformaciones urbanas de la época.

1842, con afectaciones documentadas en el norte del territorio.

4 de agosto de 1946, frente a la costa noreste dominicana, el sismo de mayor magnitud registrado instrumentalmente en La Española: 7.8 grados, un evento que quedó grabado en la memoria colectiva del este del país.

2010, en Haití, la tragedia que volvió a poner a la falla Enriquillo-Plantain Garden en el centro de la conversación regional sobre riesgo sísmico.

Cada uno de estos episodios, señalaron los expositores, no solo dejó huella en el terreno, sino en la forma en que las comunidades construyeron sus ciudades, levantaron sus templos y organizaron su vida cotidiana frente a un territorio que nunca ha sido del todo estable.

La historia como herramienta de prevención

De izquierda a derecha, los señores Carmen Rita Cordero, Osiris de León, Soraya Lara, José Mármol, Joan Ferrer, Mariel Bera y José Enrique Delmonte.
De izquierda a derecha, los señores Carmen Rita Cordero, Osiris de León, Soraya Lara, José Mármol, Joan Ferrer, Mariel Bera y José Enrique Delmonte.

Lo que distinguió este conversatorio de una simple exposición científica fue su insistencia en que la memoria histórica es, en sí misma, una herramienta de prevención. Comprender que la isla ha temblado antes —y que volverá a hacerlo— no es un ejercicio nostálgico, sino una forma de cultivar conciencia ciudadana y preparación ante el riesgo. Los panelistas subrayaron que investigar la recurrencia de estos fenómenos, cruzando archivo histórico y evidencia geológica, ayuda a dimensionar el nivel de exposición de una isla situada en una de las zonas de mayor actividad tectónica del Caribe.

En ese sentido, la elección de la Casa del Cordón como escenario no fue casual. El edificio, testigo de terremotos, huracanes y siglos de historia urbana en la Zona Colonial de Santo Domingo, se convirtió por una tarde en punto de encuentro entre dos disciplinas —la geología y la historia— que rara vez comparten tribuna, pero que juntas ofrecen una lectura más completa de la identidad territorial dominicana.

Redacción VD
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