El turismo en la encrucijada: lo que el Banco Mundial ve, y advierte, sobre los países que viven de los visitantes

spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

Hoteles

spot_imgspot_img

Aerolíneas

Santo Domingo, RD. – América Latina y el Caribe enfrenta un 2026 que el Banco Mundial describe sin eufemismos: crecimiento magro, inversión débil y una región que sigue siendo, año tras año, una de las más lentas del planeta en términos de expansión económica. Pero en medio de ese panorama gris, hay un sector que emerge como protagonista silencioso del diagnóstico, a veces celebrado como motor de recuperación y otras señalado como talón de Aquiles de las economías más pequeñas: el turismo.

El Banco Mundial proyecta revisiones a la baja en las perspectivas de crecimiento de ALC para este año (2.1%), lo que sugiere, según su análisis, que desafíos estructurales de larga data siguen condicionando las perspectivas de crecimiento de la región.

El informe «Revisitando la política industrial: opciones estratégicas para la actualidad», presentado el 8 de abril de 2026, no está diseñado, en realidad, como un análisis sectorial del turismo. Su ambición es más amplia: entender por qué la región no crece lo suficiente y qué tipo de políticas pueden cambiar eso. Pero al recorrer sus páginas y los datos que lo acompañan, emerge con claridad un mapa de dos velocidades en el que el turismo juega un papel determinante —para bien y para mal— según la geografía y la capacidad institucional de cada país.

El Banco Mundial plantea que América Latina y el Caribe entró al 2026 con un crecimiento aún limitado por desafíos estructurales de larga data. Se prevé que el crecimiento del PIB regional será de un 2,1 por ciento este año, por debajo del 2,4 por ciento registrado en 2025.

Agrega que la falta de mejora convive con revisiones a la baja en las proyecciones de algunos países y refleja una combinación de la demanda que resulta familiar: el consumo privado sigue siendo el principal motor, mientras que la inversión se mantiene en niveles bajos en medio de una elevada incertidumbre mundial e interna y condiciones de financiamiento real (ajustadas por inflación) aún restrictivas. El estancamiento del crecimiento económico y las persistentes dificultades para crear puestos de trabajo han llevado la política industrial de nuevo al centro del debate.

Una región que crece, pero no lo suficiente

El punto de partida del informe es sobrio. El PIB regional crecerá apenas un 2,1% en 2026, por debajo del 2,4% registrado en 2025. El ingreso per cápita prácticamente se estanca. El consumo privado sigue siendo el único motor que jala con algo de fuerza, mientras la inversión permanece paralizada por la incertidumbre global, los altos costos financieros y la debilidad de la demanda externa. Y lo peor, proyecta revisiones a la baja en las perspectivas de crecimiento de ALC para este año (2.1%), lo que sugiere, según su análisis, que desafíos estructurales de larga data siguen condicionando las perspectivas de crecimiento de la región.

En ese contexto, el Banco Mundial identifica lo que llama «focos de dinamismo»: economías pequeñas de Centroamérica y el Caribe que crecen notablemente por encima del promedio regional. No es casualidad que la mayoría de esas economías tengan algo en común: el turismo forma una parte sustantiva de su actividad productiva y de su capacidad de generar divisas.

El Caribe: la perspectiva de «doble vía»

Quizás el concepto más revelador del informe para entender la situación de las economías turísticas caribeñas es el que sus autores llaman «perspectiva de doble vía en el Caribe«. Con ese término, el Banco Mundial describe una subregión que avanza a dos velocidades radicalmente distintas, según cuál sea la fuente principal de sus ingresos.

En un carril, Guyana. El pequeño país sudamericano se ha convertido en el caso más espectacular de transformación económica en la región, impulsado por el auge petrolero que está redibujando su estructura productiva. El Banco Mundial proyecta un crecimiento de alrededor del 16% para Guyana en 2026, un número que distorsiona hacia arriba cualquier promedio del Caribe como subregión. Sin su efecto, el conjunto caribeño crece en torno al 2,9% en 2026 y al 3,7% en 2027 —tasas modestas, pero superiores al promedio regional—, sostenidas principalmente por el turismo y los servicios asociados.

En el otro carril, las economías insulares y aquellas con alta dependencia del flujo de visitantes internacionales. El informe advierte que estas naciones están expuestas a choques externos con una intensidad que puede duplicar el impacto sufrido por el resto de la región.

No es un dato menor: cuando el turismo se contrae —por una pandemia, por una recesión en las economías emisoras de turistas, por un huracán, por tensiones geopolíticas que elevan el precio de los vuelos— estas economías no tienen amortiguadores. Sus opciones de política fiscal son limitadas, su deuda pública es en muchos casos elevada en términos históricos, y la capacidad de reorientar rápidamente la economía hacia otros sectores es escasa.

El informe también señala, con una preocupación que trasciende lo económico, que la incapacidad para crear empleos formales suficientes en estos países obliga a muchos jóvenes a elegir entre la migración y la informalidad. En economías donde el turismo domina pero donde los empleos que genera son mayoritariamente estacionales, de baja cualificación y vulnerables a los ciclos externos, el problema del mercado laboral se vuelve estructural.

República Dominicana: el ejemplo de las tensiones en juego

La República Dominicana es quizás el caso más ilustrativo de las tensiones que el Banco Mundial describe para las economías con vocación turística. La República Dominicana es quizás el caso más ilustrativo de las tensiones que el Banco Mundial describe para las economías con vocación turística. En 2025, el país recibió 11,676,901 visitantes, (turistas y cruceristas) un récord histórico, resultado de una transformación profunda y sostenida del sector turístico en los últimos cinco años que consolidando su liderazgo en el Caribe y  diversificando su economía más que muchos vecinos insulares, combinando turismo con zonas francas de manufactura y exportación.

Aun así, el informe publicado en abril de 2026 aplica una revisión a la baja en sus proyecciones de crecimiento: del 4,5% que se anticipaba inicialmente al 3,6%. El organismo atribuye esa corrección a los efectos persistentes de un entorno global adverso —altos costos de financiamiento, débil demanda exterior, tensiones geopolíticas— que golpea con mayor fuerza a las economías importadoras de energía y dependientes del turismo proveniente de las economías avanzadas.

Pero el informe también reconoce avances importantes en el caso dominicano: el Banco Mundial destaca la articulación que el país está desarrollando entre la formación técnica y los sectores productivos, particularmente a través de zonas económicas especiales dedicadas a logística y manufactura. Es una señal de que la diversificación —el gran antídoto contra la vulnerabilidad turística— va ganando terreno, aunque todavía de forma parcial.

La sostenibilidad del crecimiento dominicano, advierte el organismo, dependerá de la capacidad de mantener la inversión, aumentar la productividad y fortalecer la confianza del sector privado. En otras palabras: el turismo solo no basta.

La oportunidad que nadie quiere perder

El informe del Banco Mundial concluye con una lectura que, para las economías turísticas del Caribe y Centroamérica, debería leerse con particular atención: la región se encuentra en una posición única para beneficiarse de los cambios en el panorama mundial. Los cambios en los patrones de trabajo remoto, el auge del turismo experiencial, la creciente preferencia por destinos naturales y culturales auténticos, y la proximidad geográfica con el mercado norteamericano son ventajas comparativas reales.

La pregunta que el informe plantea —sin responderla directamente, porque esa es tarea de cada gobierno— es si los países de ALC van a convertir esas ventajas en desarrollo sostenido o si van a desperdiciarlas, como han desperdiciado antes otras oportunidades, en medio de la informalidad, la falta de inversión y la debilidad institucional.

El turismo en América Latina y el Caribe no está en crisis. En muchos países, está en auge. Pero el Banco Mundial advierte que el auge sin política industrial inteligente es efímero. Y la historia de la región tiene demasiados ejemplos de que esa advertencia merece tomarse en serio.

spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

Destinos dominicanos