Santo Domingo, RD. – Hay guerras que se libran con misiles y hay otras que se sienten en el precio de un boleto de avión. La que Estados Unidos e Israel sostienen contra Irán desde finales de febrero pertenece a ambas categorías y la crisis de los combustible que ella ha generado pone en jaque a la industria de la aviación de manera directa y al turismo global.
El cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del comercio mundial de petróleo, desató una crisis energética que hoy tiene al turismo global frente a un escenario que no se veía desde los shocks petroleros de los años setenta. La industria aérea, el eslabón más vulnerable de la cadena, ya no solo habla de costos. Habla de racionamiento y crecen las tensiones de acuerdo a las noticias que al cerrar abril circulan en torno a la crisis que enfrenta la aviación mundial y el turismo en particular.
Un estrecho que mueve al mundo
La clausura del Estrecho de Ormuz, a través del cual circula alrededor del 20% del comercio petrolero mundial, desencadenó una masiva disrupción en el suministro global de crudo, disparando los precios del petróleo por encima de los 100 dólares por barril y, en algunos casos, más que duplicando el precio del combustible de aviación respecto al mes anterior.
Ese número, el del barril por encima de los cien dólares, tiene un peso específico para la aviación que pocas industrias comprenden con tanta crudeza. El combustible de aviación representa aproximadamente el 30% de los costos operativos de las aerolíneas, y sus precios se han duplicado desde el inicio de la guerra.
La IATA y la IEA: palabras que antes no se decían
Pocas veces los organismos internacionales de aviación y energía han coincidido en un diagnóstico tan severo en tiempo real. Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de Energía (IEA), advirtió que Europa dispone de «quizás seis semanas» de reservas de combustible de aviación, calificando la situación como la «mayor crisis energética» que enfrenta la economía global.
La respuesta de Willie Walsh, director general de la IATA, que agrupa a 360 aerolíneas del mundo, fue inmediata y más alarmante aún. Walsh señaló que para finales de mayo podrían comenzar a registrarse cancelaciones en Europa por escasez de combustible de aviación, un fenómeno que ya se observa en partes de Asia, y llamó a las autoridades a tener planes de racionamiento «bien comunicados y bien coordinados» listos para operar.
En paralelo, el monitor de combustible de la IATA registró el queroseno con un alza de más del 90% sobre el promedio anual, mientras expertos advirtieron que el aumento del precio del combustible, que representa entre el 25% y el 30% de los costos operativos, genera una presión desproporcionada sobre el gasto total de las aerolíneas.
Europa bajo el filo de la escasez
El Viejo Continente es hoy el teatro donde la crisis se hace más visible. El 13 de abril, el Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI) alertó que «si el paso por el Estrecho de Ormuz no se recupera de forma sólida y estable en las próximas tres semanas, la escasez sistémica de combustible para aviones será una realidad para la Unión Europea.»
Las aerolíneas no esperaron. Lufthansa fue una de las primeras en responder, anunciando el recorte de 20,000 vuelos de corta distancia durante el verano, a razón de 120 cancelaciones diarias, con el objetivo de ahorrar 40,000 toneladas de combustible.
KLM, por su parte, anunció la supresión de 160 vuelos el mes próximo, equivalentes al 1% de sus rutas europeas, citando «costos crecientes de queroseno» y señalando que ciertos trayectos ya no son «financieramente viables.»
El diagnóstico es estructural. Aproximadamente el 40% de las importaciones europeas de combustible de aviación procedían del Estrecho de Ormuz, y desde el inicio de la guerra no ha pasado ni un barril por esa ruta. Para cubrir parte del déficit, Estados Unidos ha incrementado sus exportaciones de queroseno a Europa hasta 150,000 barriles diarios en abril, unas seis veces el volumen habitual, pero los expertos advierten que eso no alcanza.
Las aerolíneas de bajo costo: las primeras en caer
La estructura financiera de las compañías de bajo costo las convierte en las más frágiles ante este escenario. Aerolíneas como Ryanair, Transavia y Volotea han sido las primeras en sentir el peso del alza del combustible y en proceder a cancelar vuelos, especialmente en la temporada alta de verano boreal. La canadiense Air Transat, especializada en turismo masivo, redujo en un 6% su programa de vuelos entre mayo y octubre, mientras que la tailandesa AirAsia X suprimió rutas completas.
El comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen, lo dijo sin rodeos el 22 de abril: «Lamentablemente es probable que las vacaciones de mucha gente serán afectadas, ya sea por la cancelación de vuelos o por los precios de pasajes muy, muy altos.»
En Estados Unidos, la aerolínea United ya recortó su programa de vuelos planificado en aproximadamente un 5% para los próximos seis meses, y su CEO fue directo: «No tiene ningún sentido operar vuelos que no van a poder cubrir el costo del combustible.»
España: privilegiada, pero no inmune
España ocupa una posición relativamente cómoda en este mapa, aunque no exenta de riesgos. De acuerdo con datos de la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), solo el 11% de las importaciones de crudo en España provienen de Oriente Medio, lo que otorga al país una mayor independencia energética frente al conflicto.
Sin embargo, el ministro de Industria español, Jordi Hereu, subrayó el nudo del problema: «Podemos llenar los aviones en Málaga, Barcelona o Madrid pero también vivimos de que en Heathrow o en Hannover puedan llenar sus aviones.» En otras palabras, si los mercados emisores —especialmente el Reino Unido, principal origen de turistas hacia España— no tienen combustible para despegar, el problema llega de todas formas.
Ante ese escenario, la ALA recomendó expresamente que los viajeros que aún no han adquirido sus billetes «valoren hacerlo lo antes posible para beneficiarse de las mejores condiciones» antes de nuevas rondas de ajustes tarifarios.
El Caribe en la mira: República Dominicana activa sus planes
A miles de kilómetros del Estrecho de Ormuz, el sector turístico dominicano sigue la crisis con una mezcla de cautela y oportunismo estratégico. La vicepresidenta ejecutiva de Asonahores, Aguie Lendor, reconoció durante el cierre del Dominican Annual Tourism Exchange (DATE) en Punta Cana que el sector vigila de cerca el posible impacto del alza de los combustibles sobre la competitividad del país, y que ya se han planteado al Gobierno medidas preventivas, incluyendo una posible revisión de componentes impositivos del combustible si la situación se deteriora.
El ministro David Collado, por su parte, adoptó un tono de cautela vigilante. En la apertura de la feria DR Tradeshow 2026 en Miami, Collado reconoció que el aumento de los combustibles «en algún momento nos puede afectar» y anunció que la estrategia de contingencia se centra en afianzar los vuelos de corta distancia desde Centroamérica, Colombia, Canadá y el sur de Estados Unidos, para compensar una eventual caída en rutas de largo radio, especialmente desde Europa.
Un signo alentador: aerolíneas que antes operaban hacia otros destinos están reorientando frecuencias hacia República Dominicana. La alemana Condor añadió tres frecuencias adicionales, aprovechando que el país proyecta estabilidad política y económica en un contexto de incertidumbre regional.
El fondo del problema: una factura que nadie puede ignorar
La factura petrolera dominicana ronda los 4,800 millones de dólares anuales, y un alza sostenida del crudo impacta no solo en los combustibles, sino en la inflación, el transporte, la electricidad y, por extensión, en los costos operativos de toda la cadena turística: hoteles, restaurantes y excursiones.
El panorama global, según los analistas de la Royal Aeronautical Society, apunta a que durante el resto de 2026 se anticipan mayores presiones financieras, especialmente entre las aerolíneas más débiles por los altos precios del combustible, cierres de espacios aéreos regionales y un deterioro generalizado en la industria. Las compañías con menor musculatura financiera enfrentan riesgo real de reestructuración o quiebra. (Royal Aeronautical Society)
Y aunque hay una nota de paradoja en todo esto —la crisis podría acelerar la transición hacia combustibles de aviación sostenibles y reducir la dependencia del petróleo del Golfo—, el verano de 2026 se perfila ya como el más caro y volátil de la historia reciente del turismo internacional. Para quienes tengan pendiente reservar sus vacaciones, el mensaje de España y de los expertos es unánime: no esperen más.











