Manzanillo, Montecristi, RD. – Si bien no se trata de una obra directamente del sector turístico de la República Dominicana, la inauguración de Manzanillo Power Land es la pieza más visible de una transformación que vive Montecristi y que incluye un puerto de 100 millones de dólares con capacidad para cruceros, un aeropuerto y una zona industrial por lo que todo apunta a que la provincia más desconocida del norte dominicano está a punto de convertirse en su destino más sorprendente.
Hay palabras que un presidente no pronuncia sin intención. Cuando Luis Abinader dijo este viernes en Manzanillo que «Montecristi está renaciendo» y que la provincia donde empieza la patria «tendrá un desarrollo sin precedentes», no lo decía mirando al pasado: lo decía mirando a un tablero de inversiones que en los últimos dos años ha ido llenando sus casillas con una coherencia que pocas veces se ve en el desarrollo de una provincia dominicana.
La inauguración de Manzanillo Power Land —la termoeléctrica más significativa construida en el país en décadas— fue el gesto más visible de ese tablero. Pero detrás del acto, los 414 megavatios y las palabras del mandatario, hay una arquitectura de proyectos que apunta hacia algo mucho más grande que la energía.
El dato eléctrico que lo cambia todo

La central Manzanillo Power Land incorpora 414 megavatios netos al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI) y fortalece la estabilidad y confiabilidad del servicio energético, como parte del proyecto de desarrollo integral impulsado por el Gobierno para transformar la región noroeste en un eje estratégico energético y logístico del país.
El número importa no solo por su tamaño, sino por lo que resuelve. Anteriormente, el 85% de la generación eléctrica del país se concentraba en el sur. Con Manzanillo Power Land y los proyectos asociados, se logrará una distribución más equilibrada del sistema. El Gobierno tiene además contratados aproximadamente 130 megavatios de almacenamiento en baterías que estarán disponibles desde el verano de 2026, junto a nuevas licitaciones que incrementarán la confiabilidad del sistema eléctrico a corto y mediano plazo.
El presidente de Energía 2000, Jaime Santana, resumió el mérito de la hazaña con la sencillez de quien llegó al final de un camino largo: «Contra todo pronóstico, por fin lo logramos. Lo logramos bien y lo logramos en grande.» Y agradeció a un gobierno que, en sus palabras, no solo acompañó, sino que facilitó, orientó y viabilizó cada etapa con sentido de propósito, sin pedir absolutamente nada que no fuera el bienestar colectivo y la seguridad del sector eléctrico.
El puerto, el aeropuerto y los cruceros: la triada que cambia el mapa
El presidente Abinader fue explícito en que lo inaugurado ese viernes es solo la primera pieza de un rompecabezas mayor. No se trata solo de generación eléctrica, sino de un conjunto de iniciativas: la construcción de un puerto con el Banco Interamericano de Desarrollo que estará listo a mediados del próximo año; el desarrollo de un puerto multimodal que también recibirá cruceros; y la construcción de un aeropuerto aprobado por decreto, que se integrará con el de Santiago para impulsar el turismo en toda la región.
El programa de modernización del Puerto de Manzanillo, financiado con 100 millones de dólares por el BID, incluye la construcción de un nuevo muelle con capacidad para recibir buques de gran calado y la rehabilitación de la carretera Navarrete-Montecristi para mejorar la conectividad regional.
El modelo de operación elegido es el mismo que ha resultado exitoso en Puerto Plata: la gestión híbrida de carga y cruceros de manera simultánea. La posición geográfica de Manzanillo juega decididamente a su favor —su cercanía con la Florida, principal punto de salida de cruceros del Caribe, la coloca en una posición privilegiada para integrarse a rutas de alto flujo turístico y acompañar experiencias consolidadas como las de Puerto Plata, Samaná y Cabo Rojo.
El tesoro que ya estaba allí

Todo este despliegue de inversión llega a una provincia que lleva décadas siendo un secreto a voces entre los conocedores del turismo de naturaleza dominicano. Montecristi no necesita inventar su atractivo. Lo tiene. Lo que le ha faltado, históricamente, es la infraestructura para que el mundo lo descubra.
El Parque Nacional de Montecristi surgió a través del decreto presidencial 1315 de agosto de 1983. Sus límites actuales, establecidos por el decreto 16-93 del 22 de enero de 1993, inician en la costa oeste de El Morro y concluyen en la zona oeste de Punta Rucia. Ese mismo decreto 16-93 creó el Quinto Polo Turístico de la República Dominicana, que abarca Montecristi, Dajabón, Santiago Rodríguez y Valverde —una designación que tardó más de treinta años en comenzar a materializarse con obras concretas sobre el terreno.
En sus más de 500 kilómetros cuadrados, el Parque Nacional Montecristi cuenta con territorios terrestres y marítimos. La fauna es abundante, destacando la variedad de reptiles —en especial el cocodrilo americano—, distintas especies de anfibios y una rica avifauna que incluye el pelícano, el chorlo, el bubí, la tijereta y el cucú. En cuanto a la flora, es característica la Salvia Montecristi, endémica del lugar, y frente a la bahía de Manzanillo, el mangle rojo y el mangle prieto.
El Morro de Montecristi es un impresionante promontorio de unos 242 metros de altura que ofrece desde su cima vistas espectaculares del parque y de la costa que lo baña. La mayor parte del parque es de terreno llano, con otros lugares relevantes como las lagunas que se forman alrededor del río Yaque del Norte —en particular la Laguna El Saladillo— y los Cayos Siete Hermanos, un conjunto de pequeñas islas deshabitadas que constituyen uno de los hábitats de anidación de aves marinas más importantes del Atlántico norte caribeño.
Bajo el agua, la historia es igualmente extraordinaria. El Parque Nacional Submarino de Montecristi es el hogar de la tortuga carey, decenas de moluscos, centollas y langostas. El área ha sido empleada para excavaciones arqueológicas de varios barcos que naufragaron en la zona a lo largo de los siglos, algunos nombrados de acuerdo al material que transportaban: el barco de las Pipas, el barco de las tejas, el de los cañones, entre otros.
La bahía de Montecristi es conocida, no en vano, como el cementerio de barcos del Caribe, con más de 460 embarcaciones hundidas desde la época colonial. Y la barrera de coral que protege esa bahía es la mayor formación coralina del país, albergando cerca del 90% de todos los arrecifes de coral vivos de la República Dominicana.
A todo eso se suma una historia que pocas ciudades del continente pueden igualar. En Montecristi se encuentra la casa del Libertador Máximo Gómez, donde se dio su histórico encuentro con el prócer cubano José Martí, la cual se ha convertido en museo.
En el Parque Duarte se alza el emblemático reloj público diseñado por el ingeniero Alexandre Gustave Eiffel e instalado el 11 de marzo de 1895, frente al cual Martí expresó que «este reloj marcará muy pronto la hora de redención de Cuba.»
Las Salinas completan el cuadro con una experiencia cultural irrepetible: estanques de sal de extracción artesanal, recorridos de paisaje único en el Caribe y una arquitectura victoriana de principios del siglo XX que da al casco urbano de San Fernando de Montecristi una fisonomía difícil de encontrar en cualquier otro punto de la región.
La ecuación que cierra

Energía estable, puerto moderno con capacidad para cruceros, aeropuerto propio integrado al Aeropuerto del Cibao en Santiago, zonas francas, carreteras rehabilitadas y uno de los patrimonios naturales e históricos más ricos y auténticos del Caribe.
Esa es la ecuación que el Gobierno dominicano está construyendo en Montecristi. En 2020, el Ministerio de Medio Ambiente, junto al Ministerio de Turismo y el PNUD, ya pusieron en funcionamiento el Muelle de Isla Cabra en el Parque Nacional Submarino de Montecristi y la Plataforma Flotante del Parque Nacional Manglares de Estero Balsa —infraestructuras concretas para fortalecer el turismo sostenible de la región antes de que lleguen los cruceros y los vuelos.
Lo que Manzanillo Power Land representa, entonces, no es solo electricidad. Es la señal más potente de que el Estado dominicano ha decidido tomarse en serio a Montecristi, no como promesa, sino como proyecto en ejecución. «Montecristi está renaciendo. Esta provincia, donde empieza la patria, tendrá un desarrollo sin precedentes», dijo el presidente Abinader al cerrar su discurso.
El reloj de Eiffel lleva 131 años marcando la hora en el Parque Duarte. Esta vez, parece, la hora que marca es la de Montecristi.











