Puerto Plata, RD. – El Paseo Doña Blanca, conocido popularmente como el Callejón Rosado, volvió a recibir visitantes tras concluir los trabajos de remozamiento, pintura y embellecimiento ejecutados por el Ayuntamiento Municipal de San Felipe de Puerto Plata, en una intervención orientada a preservar uno de los espacios más reconocibles del Centro Histórico y del circuito turístico de la llamada Novia del Atlántico.
La reapertura fue encabezada el lunes 10 de agosto de 2026 por el alcalde Diomedes Roque García (Roquelito), en presencia del presidente de la Sala Capitular, Jeremías Ureña; el director regional de Politur, coronel Pineda, y otras personalidades vinculadas a la vida municipal y turística de la ciudad. El cabildo informó que la intervención buscó recuperar la vistosidad del paseo y ofrecer mejores condiciones a los cruceristas, turistas nacionales y extranjeros y residentes que recorren este punto de la ciudad.
La obra llegó después de un cierre temporal dispuesto por el Ayuntamiento a partir del 20 de julio. La Alcaldía había anunciado inicialmente un período de 15 días, hasta el 5 de agosto, para ejecutar trabajos de remozamiento, pintura y mantenimiento general; posteriormente comunicó que las labores avanzaban hacia su fase final y fijó la reapertura para el lunes 10 de agosto.
El proceso de recuperación también respondió a preocupaciones expresadas públicamente por ciudadanos y medios locales sobre el deterioro que presentaba el atractivo, especialmente en la estatua dedicada a Doña Blanca Franceschini de Rainieri. Las denuncias señalaban desprendimientos de pintura y signos visibles de desgaste, lo que reforzó la necesidad de una intervención de mantenimiento.
Según la información difundida por el Ayuntamiento, los trabajos de pintura y embellecimiento estuvieron a cargo del artista puertoplateño Alex Jiménez, quien explicó que fueron empleados materiales y pintura de alta calidad con el propósito de prolongar la durabilidad de la intervención y conservar la apariencia del espacio.
Más que un callejón pintado de rosa

El atractivo del Paseo Doña Blanca está precisamente en su capacidad para convertir un espacio urbano de dimensiones reducidas en una experiencia visual y cultural. El recorrido, caracterizado por sus tonos rosados y elementos decorativos de inspiración victoriana, conecta las calles Beller y John F. Kennedy, en las proximidades del Parque Central. Sus paredes, piso, bancos, flores y otros detalles conforman un escenario especialmente atractivo para la fotografía.
La singularidad cromática explica buena parte de su popularidad entre los visitantes. El lugar funciona como una parada breve pero memorable dentro de los recorridos por el Centro Histórico: es un espacio para caminar, detenerse, tomar fotografías y acercarse a una historia que vincula la identidad urbana de Puerto Plata con los primeros pasos de la actividad hotelera y turística en la ciudad. Reseñas recientes de viajeros muestran que el paseo continúa siendo incorporado a excursiones de ciudad y que muchos visitantes lo identifican como uno de los puntos fotográficos característicos de Puerto Plata.
El nombre del paseo honra a Bianca Franceschini, conocida como Doña Blanca, quien junto con su esposo, Isidoro Rainieri, estuvo vinculada a uno de los primeros establecimientos hoteleros de Puerto Plata. De acuerdo con la Gobernación Provincial, el paseo lleva su nombre en honor a la fundadora del Hotel Europa, mientras que otras fuentes históricas y turísticas sitúan los orígenes del proyecto familiar en 1898, cuando la pareja estableció el Hospedaje del Comercio, posteriormente denominado Hotel Europa.
La historia de Doña Blanca agrega una dimensión que trasciende el atractivo fotográfico. Tras la muerte de su esposo en 1914, continuó al frente de su familia y del negocio, y su trayectoria quedó asociada a una etapa temprana de la hotelería puertoplateña. El Hotel Europa llegó a ser considerado uno de los principales establecimientos del país en su época y recibió visitantes extranjeros, incluidos miembros de las fuerzas navales estadounidenses, según referencias históricas recopiladas sobre el lugar.
Un activo para la experiencia turística
La recuperación del Paseo Doña Blanca tiene importancia para Puerto Plata porque la competitividad de un destino no depende únicamente de grandes obras turísticas. También se construye a partir de la calidad, conservación y presentación de los espacios que los visitantes encuentran cuando salen de los hoteles, los puertos y las zonas de excursiones. En ese sentido, un lugar pequeño, gratuito, accesible y visualmente distintivo puede cumplir una función importante dentro de la experiencia de conocer la ciudad.
Ese papel es particularmente relevante para Puerto Plata, que recibe visitantes por vía aérea y marítima y cuenta con un producto turístico que combina playas, naturaleza, patrimonio, arquitectura, gastronomía y cultura. El Paseo Doña Blanca permite sumar a ese inventario una experiencia urbana de corta duración, fácil de incorporar a los city tours y con un fuerte componente visual, algo especialmente valioso en una época en que las fotografías y videos de los viajeros forman parte de la promoción espontánea de los destinos.
La propia Alcaldía ha definido el paseo como uno de los espacios que deben ser preservados y puestos en valor para fortalecer la imagen turística de Puerto Plata. Al anunciar la reapertura, el alcalde Roquelito García señaló que el Ayuntamiento continuará interviniendo otros espacios que requieran reparación, recuperación o embellecimiento, como parte de una política municipal de transformación de la ciudad.
Una postal que cuenta una historia

El renovado Callejón Rosado ofrece, por tanto, algo más que una postal de color intenso. Sus paredes y elementos decorativos convierten el paseo en un escenario reconocible, pero su verdadero valor turístico aumenta cuando el visitante conoce la historia de la mujer cuyo nombre lleva y la relación de su familia con los primeros capítulos de la hotelería en Puerto Plata.
La reapertura vuelve a colocar este pequeño corredor peatonal en el itinerario de quienes recorren el Centro Histórico. Para el visitante que llega desde Amber Cove, para quien explora Puerto Plata desde un hotel de la costa norte o para el dominicano que redescubre la ciudad, el Paseo Doña Blanca representa una parada sencilla: unos minutos de recorrido, fotografías y contacto con una parte de la memoria turística de la ciudad.
La intervención municipal también deja una lección para la gestión de destinos: conservar los símbolos que ya existen puede ser tan importante como crear nuevos atractivos. En el caso del Paseo Doña Blanca, mantener el color, la limpieza, la pintura, los elementos decorativos y la estatua que recuerda a su protagonista histórica ayuda a proteger una imagen que ya forma parte de la identidad visual de Puerto Plata.
Con su reapertura, el Paseo Doña Blanca recupera así su lugar dentro del paisaje turístico de la Novia del Atlántico: un pequeño espacio urbano, intensamente rosado, de inspiración victoriana y cargado de memoria, que convierte una calle del Centro Histórico en una de las fotografías más reconocibles de Puerto Plata.











