La Paz, Bolivia.– La decisión del presidente boliviano, Rodrigo Paz, de eliminar el Ministerio de Turismo Sostenible, Cultura, Folclore y Gastronomía como parte de una reforma para reducir el tamaño del Estado ha provocado un inmediato choque con el sector privado, que considera la medida un retroceso para una de las actividades con mayor potencial de crecimiento económico del país.
El mandatario anunció una reestructuración de su gabinete que reduce de 14 a 12 el número de ministerios, al desaparecer las carteras de Planificación del Desarrollo y de Turismo. Según explicó, el objetivo es construir un Estado «más eficiente», eliminar burocracia y acelerar la toma de decisiones. Las funciones relacionadas con el turismo no desaparecerán, aseguró, sino que serán asumidas por una nueva Agencia Nacional de Turismo, concebida para facilitar la coordinación entre el sector público, la iniciativa privada y los inversionistas nacionales e internacionales.
La explicación oficial, sin embargo, no logró calmar la preocupación de los empresarios turísticos. La Cámara Boliviana de Turismo (Cabotur) calificó la decisión como una «vuelta a fojas cero» para la institucionalidad del sector y advirtió que la eliminación del ministerio envía una señal negativa a los inversionistas y debilita el posicionamiento del turismo dentro de las prioridades nacionales.
El presidente de Cabotur, Luis Ampuero, afirmó que la noticia fue recibida con «desolación, sorpresa y frustración», al considerar que Bolivia pierde un espacio de representación política desde el cual se impulsaban políticas públicas, promoción internacional y estrategias de desarrollo para una industria que genera empleo, divisas y oportunidades en numerosas regiones del país.
La preocupación también alcanzó a los operadores turísticos. La Federación Boliviana de Guías de Turismo pidió al Gobierno aclarar el alcance de la nueva institucionalidad, al advertir que la incertidumbre podría afectar proyectos en marcha y retrasar decisiones de inversión. Sus dirigentes sostienen que el sector aún enfrenta las secuelas de una prolongada desaceleración y que la prioridad debería ser fortalecer la promoción y la coordinación público-privada, antes que modificar nuevamente la estructura administrativa.

Desde el Ejecutivo, la respuesta ha sido insistir en que la desaparición del ministerio no significa una reducción del apoyo estatal al turismo. La futura Agencia Nacional de Turismo tendrá, según el Gobierno, una estructura más flexible y técnica, con capacidad para reducir trámites, atraer inversiones y articular con mayor rapidez las iniciativas del sector privado, eliminando procesos administrativos considerados innecesarios.
El debate trasciende así una simple reorganización administrativa. Para el Gobierno de Rodrigo Paz, la eficiencia institucional pasa por reducir ministerios y sustituir estructuras políticas por organismos especializados. Para el empresariado, en cambio, el rango ministerial constituye una garantía de que el turismo ocupa un lugar estratégico en la agenda nacional y dispone del peso político necesario para coordinar políticas con otras áreas del Estado.
La confrontación apenas comienza. Mientras el Ejecutivo defiende la reforma como un paso hacia un Estado más ágil y menos burocrático, el sector privado anticipa que vigilará de cerca el diseño, presupuesto y atribuciones de la nueva Agencia Nacional de Turismo. De esas definiciones dependerá si la eliminación del ministerio termina siendo una simple reingeniería institucional o se convierte en un factor de incertidumbre para una industria que Bolivia aspira a consolidar como motor de desarrollo económico y generación de empleo.











