Madrid, España. – Más de 28 millones de personas asistieron, en 2023, a conciertos y festivales, según el anuario de la SGAE. Una cifra que, tras los efectos de la pandemia, continúa estando al alza y que representa el 58,3 % de la población de su poblacion de acuerdo con una publicación de Radio Televisión Española.
Eventos como el Arenal Sound en Burriana (Castellón), el BBK de Bilbao o el Primavera Sound de Barcelona -entre los más de 800 que se celebran al año- son imperdibles para gran cantidad de aficionados en nuestro país.
Un ejemplo de ello es el Medusa Festival en Cullera (Valencia) que, el pasado domingo 10 de agosto, cerró su undécima edición con un total de 180.000 asistentes acumulados en sus cuatro jornadas, convirtiéndose, según sus organizadores, en el festival de música electrónica más grande jamás realizado en España.
Destinos vacacionales
Para Patricio, un joven de 26 años, los festivales de música se han convertido en una parte fundamental de sus vacaciones de verano. Ya ha podido disfrutar de los ritmos de siete de las grandes citas festivaleras de nuestro país. Entre su experiencia, se encuentran el Sonorama Ribera, el ContemPOPranea o el Arenal Sound, el festival más popular de España según Asociación de Promotores Musicales (APM).
En su opinión, «la primera vez que vas suele ser por un artista en concreto». Pero, poco a poco, se va confiando cada vez más en el criterio de la organización y se termina por convertir el festival en una parada vacacional obligatoria, repitiendo año tras año. Es el caso de Álvaro, de 25, que suele acudir a estas citas «más por el festival que por los artistas».

De hecho, no es solo que los festivales se hayan transformado en verdaderas atracciones turísticas, sino que lo han hecho en un tipo de turismo cada vez más popular entre «jóvenes y no tan jóvenes», como afirma Rebeca, de 27 años. Aunque, para Álvaro, este tipo de turismo es meramente joven. Las pocas horas de sueño, sumadas a la necesidad de dormir en campings, exigen un nivel de entusiasmo y energía que, con los años, «se va pasando».
Junto a sus amigos, Patricio suele ir a varios festivales en el mismo verano, llegando a gastar entre 300 y 400 euros de media en cada uno de ellos. Sin embargo, Rebeca y Álvaro acotan un poco más su presupuesto, inclinándose por festivales de un solo día y limitando su gasto a los 100 euros entre comida, bebida y entradas.
Más allá de las decisiones presupuestarias de cada cual, según SFTL -compañía especializada en gestión legal y financiera del negocio musical-, la contribución de la música en vivo a la economía española en el año 2023 estuvo cerca de los 4.200 millones de euros. Una estimación realizada considerando el impacto directo (venta de entradas, consumiciones, merchandising…), el indirecto (hoteles, transporte…) y el inducido (el aporte que los empleados y proveedores del sector realizan a la economía).
Un tipo de turismo en sí mismo
Existen el turismo gastronómico, el enológico y hasta el turismo de pantalla, que consiste en visitar los lugares donde se han rodado series y películas. Lo que muchos no sabían es que también existe el turismo de festivales. Es el que practica Rebeca, que ha decidido que este 2025 debe ser su «año de los festivales», visitando el Conexión Valladolid, el Festival Gigante de Guadalajara, el Son Rías Baixas y el Mad Cool de Madrid.
Además, suele aprovechar para disfrutar de los entornos en los que se realizan los festivales. «El año pasado fui al Atlantic Fest y fue la excusa perfecta para conocer mejor las Rías Baixas de Galicia», comenta Rebeca. Para ella, el festival es un motivo para emprender un viaje y, de ese modo, suele quedarse varios días en el lugar para descubrir sus encantos. «¿Qué mejor combinación para viajar que escuchar música en directo y conocer sitios nuevos?», añade.
«De hecho, suele gustarme más todavía cuando se celebran en localidades pequeñas, no tan conocidas, porque te permite conocer zonas que no son tan típicas ni están tan turistificadas». Como es el caso del Luminaria Sound, el festival que se llevó a cabo el pasado 10 de agosto en el pueblo de Pedro (Soria), de tan solo 3 habitantes.

Un resurgir post-pandemia
Rebeca advierte un factor fundamental para este auge de los festivales en nuestro país en los últimos años. Para ella, la experiencia de la pandemia ha hecho que le demos más valor a este tipo de eventos. «Ahora es muy raro tener un amigo o amiga que, en verano, no vaya a ir a un festival. Es como un ingrediente que nunca falta entre junio y agosto», sostiene.
«Creo que hay fiebre de festivales (por no decir que hay mucho FOMO), pero también de conciertos en grandes espacios y en salas pequeñas», señala Rebeca. El FOMO -Fear Of Missing Out- se refiere a la angustia por perderse algún evento y quedar fuera de algo que otros están disfrutando. Desde el final de la pandemia, «es muy normal ver cómo se agotan muy rápidamente las entradas de grupos que a lo mejor antes no vendían tan rápido». Esto, para la joven, evidencia ese reciente auge en la demanda de música en vivo y festivales.











