Imagina llegar a una playa de arena blanca en el Caribe y encontrar, entre las olas, botellas plásticas flotando junto a los peces. No es una imagen hipotética. Es la realidad documentada de un mar que recibe cada año cientos de miles de toneladas de residuos plásticos, y que tiene en el PET —esa botellita ubicua de agua, refresco o jugo— a uno de sus principales agresores que llegan desde los usuarios de esas playas hasta de los pueblos más remotos en las montañas que echan a sus ríos los desechos sólidos.
Y es que cada año, miles de botellas PET contaminan las costas del mar más codiciado del mundo en el que se sucede una de las industrias más prósperas y de mayor impacto para la economía de muchos países: el turismo. En medio de esa contaminación silenciosa de microplásticos que se genera al degradarse las botellas PET, República Dominicana busca salidas desde adentro del propio sector hotelero.
¿Qué es el PET y por qué es tan problemático?
El PET, o Polietileno Tereftalato, es un polímero plástico utilizado principalmente en la fabricación de botellas para bebidas y alimentos, envases para cosmética y productos farmacéuticos, y materiales textiles. A pesar de ser liviano, resistente y técnicamente reciclable al 100%, su impacto ambiental es devastador cuando no se gestiona correctamente: no es biodegradable y puede permanecer en el medioambiente por décadas.
El problema no es solo su persistencia. A medida que aumenta la temperatura y pasa el tiempo, los enlaces químicos del plástico se van rompiendo, liberando sustancias que pueden filtrarse al entorno. Estudios han señalado que el consumo excesivo de productos envasados en PET puede ocasionar problemas respiratorios y en la piel, asociados a los ftalatos, compuestos que se agregan para dar flexibilidad al material.
El Caribe: más plástico que en cualquier otra playa del mundo
El mar Caribe no solo es el más visitado del planeta. También es uno de los más contaminados. La cantidad de plástico que se encuentra en las playas caribeñas supera con creces el promedio mundial: 2.014 artículos de basura por kilómetro, frente a los 573 registrados globalmente. El plástico representa casi el 80 % de toda la basura total en sus aguas.
Las consecuencias van mucho más allá de la imagen. Los residuos plásticos obstruyen drenajes, generan criaderos de mosquitos y aumentan el riesgo de enfermedades como el dengue; se descomponen en microplásticos que se introducen a la cadena alimentaria a través de suelos y peces; y la contaminación visible en las playas afecta directamente el turismo y las actividades recreativas.
Para la economía de las islas, el costo es enorme. Los estudios muestran que los turistas están dispuestos a pagar mucho más por vacacionar en playas limpias, y que raramente regresan a destinos contaminados. Eso representa una pérdida de ingresos potencialmente duradera para los países afectados. Banco Mundial
República Dominicana: 264,000 toneladas al año y solo el 5% reciclado

En el corazón de ese Caribe bajo asedio, República Dominicana carga con una de las huellas plásticas más pesadas de la región. El país produce alrededor de 264,000 toneladas de plástico al año, de las cuales solo el 5 % se recicla apropiadamente. La gran mayoría termina en vertederos o, en el peor de los casos, en ríos, cañadas y mares. El 20 % de la basura que llega a los ríos es plástico, que luego es arrastrado hacia las playas, amenazando al 80 % de los corales y reduciendo la biodiversidad marina.
Estudios de línea base calculan que 13,771 toneladas de plásticos no son recolectadas, y 8,285 toneladas terminan cada año en cuerpos de agua. Una cifra que, trasladada a botellas PET, resulta difícil de dimensionar.
Cada año el país maneja 1,000 millones de envases plásticos, de los cuales solo el 5 % se recicla. El resto, en su mayoría, encuentra el camino al mar.
Asonahores y la Ruta PET: la industria que genera el problema busca soluciones

Hay una paradoja incómoda en el centro de todo esto: el turismo, que se alimenta de entornos naturales vírgenes, es también uno de los mayores generadores de residuos plásticos. Los hoteles consumen millones de botellas al año, y hasta hace poco, la mayoría terminaban mezcladas con el resto de la basura.
Eso está cambiando. El Sistema Coca-Cola, a través de su socio embotellador Bepensa Dominicana, impulsó la firma de un acuerdo con Asonahores, la Asociación de Hoteles de Santo Domingo y las organizaciones ambientales NUVI y Recolectiva, con el objetivo de recolectar plástico PET en los hoteles. El proyecto arrancó como piloto en Santo Domingo, con miras a expandirse al resto del país.
La Ruta PET impulsada por Asonahores es una iniciativa de economía circular y turismo sostenible. En conjunto con Fundación Bepensa, la AHSD, NUVI y Recolectiva, esta ruta logística recolecta botellas de plástico en hoteles de Santo Domingo para su reciclaje.
El convenio involucra a 30 propiedades hoteleras comprometidas a garantizar el reciclaje de cada botella que se use, en una primera etapa de un acuerdo con dos objetivos claros: extenderse a nivel nacional y reducir gradualmente el uso de este tipo de plástico. Los hoteles actúan como centros de recolección, proporcionando la materia prima para su reciclaje y reuso.
Hoy, Asonahores presenta los avances de esa iniciativa, bautizada como Ruta PET, en lo que marca un punto de inflexión: el sector hotelero dominicano asume oficialmente su responsabilidad en el ciclo de vida del plástico que consume.
Es un paso pequeño frente a la magnitud del problema. Pero en un país donde la Plataforma de Acción por los Plásticos NPAP-RD se ha propuesto aumentar la circularidad de estos materiales en más de un 50 % para el año 2040, cada botella reciclada en un hotel de playa cuenta. Porque el paraíso caribeño que el mundo viene a buscar no puede permitirse el lujo de seguir construyéndose sobre una cama de plástico.











